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sábado, 16 de julio de 2016

Un país de bobos.

Venezuela es el epicentro de nuestras vidas, y en ella surcan nuestras interpretaciones, pareceres, gustos y desacuerdos. No es secreto para nadie que los últimos han sido años de exacerbado disenso, en donde la opinión pública ha tendido a irse por los causes de la polarización; no obstante vale la pena acotar que persisten una serie de lugares comunes que dan sentido al sujeto en sociedad y a la sociedad en el sujeto. Por ejemplo: es totalmente comprensible que todo aquel que haya recibido un balazo sea una delincuente, pues, de otra forma ¿por qué habría merecido tan vil “ajusticiamiento”? Lo podemos ver día a día, ante las noticias de linchamientos y asesinatos, que por su grotesca forma arrojan a la víctima en el banquillo de los acusados cuando no así al delincuente en cuestión.

Pienso esto y recuerdo a nuestro presidente, el infame camionetero que al día de hoy sigue gobernando junto a los militares y por encima de cualquier facción civil del bando político que sea. Veo a nuestro presidente y lo pongo en perspectiva con lo que para muchos se ha vuelto un diagnostico que, al menos en mi caso, resulta curioso y digno de ser comentado. Hablo, por supuesto, de su estruendoso repertorio de pelones, como les diríamos en el argot venezolano –y para el no venezolano, hablamos tan solo de sus cagadas, sus torpezas, sus bloopers y demás figuras mediáticas que van haciendo de Maduro un tipo bolsa, por no decir tarado.

Sí, es cierto. Gran parte, por no decir la mayoría, de la opinión pública se ha volcado a una interpretación curiosa de este fenómeno. Todos se alaban a sí mismo, en una suerte de acto religioso, una gran epifanía, verdad revelada, al resaltar que todo aquello del presidente es un gran stand-up, una gran obra dirigida a las masas cuya verdadera intención es  entorpecer cualquier gestión política que venga desde la oposición.

Desde la vez que confundió los peces con los penes (para evadir el tema de las guarimbas), hasta la vez que leyó en cadena de radio y televisión un mensaje de un tal Moisés David instándolo a chuparse uno (no hace falta indagar en el qué; tampoco en la respuesta del presidente en evasión de la victoria opositora del 6D). Todo ha sido un engaño, un gran acto de prestidigitación. Hemos sido unos bolsas por creer que el presidente, gran estratega del PSUV y del Gran Polo Patriótico, pueda cometer inconscientemente tales torpezas en vivo y en directo. Somos unos bobos por no saber que es una acción racionalizada, propia de un tipo tan vivo como el presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

O al menos eso nos ha dicho la elite intelectual, cuyo discurso va, en primera instancia, a sobreestimar al presidente por su notable capacidad para mantenernos embelesados con su gran estrategia comunicacional y, en segunda instancia, a contribuir a desviar la atención sobre las realidades trágicas que al día de hoy todos y cada uno de nosotros padecemos.

                De ambas instancias debo disentir. La reflexión ha sido reducida a la superficialidad y nuestros líderes de opinión parecen sacados de cualquier agencia de marketing político; parece ser que su única finalidad es reducir la política al showbussiness. Contribuye Maduro, sí, pero también ha contribuido la opinión pública (aquella políticamente correcta, gran intérprete de los problemas de su ombligo y de su miope experiencia histórico-política). Decir que nuestro presidente es un maestro de la comunicación, por el simple hecho de desviar cualquier discusión importante en aras de hacer payasadas para (supuestamente) mantenerse en el poder, no sólo habla mal del presidente, sino además de las personas que, además de estar calificadas para hablar de la abstracción que es la democracia, únicamente contribuyen al tema político con medias verdades y opiniones halabolísticas hacia la elite política opositora.

El debate también está en la crudeza de nuestra cotidianidad: el narcotráfico y su ascenso –no sólo en la figura del Estado sino además en los resquicios de nuestro día a día–, así como la desnutrición infantil, la mendicidad, el tráfico de armas y la figura del pran como modelo a seguir. Se me ocurre, además, el problemita que tanto ha denunciado el vagabundo de Giordani sobre unos cuantos miles de millones de dólares perdidos, sabrá Dios (y a su lado el intergaláctico), en cuál paraíso fiscal de aquellos que tanto emocionan a nuestros profanadores-de-renta promedio.

                Y es necesario distinguir dos aspectos importantes: la comunicación y la política. La primera parece girar en torno al aparentar y lo segundo al mundo concreto de la acción. En lo político no hace falta decir que Nicolás Maduro, por torpe e imbécil que pueda ser, ha arrastrado al país, y al chavismo en especial, a su poder de mando. Nadie ha podido tumbarlo del poder y, por mucho que las expectativas de miles vayan hacia el fin del régimen, es importante acotar una verdad tan grande como los nichos de corrupción de nuestra revolución: el gobierno y el presidente siguen en pie, sin indicios aparentes de querer entregar una sola cuota de poder.

                Dicho eso no podemos conformarnos con decir que el hombre es un genio. Precisamente, la paradoja persiste en el hecho de que un tipo tan atroz haya podido sumir al país en malandraje, desidia y caos. Salvajemente hemos corrido para poner a Maduro en un altar, considerarlo la mano que mece la cuna, cuando lo que hemos debido de hacer es cuestionar severamente a quienes hacen política en este país. Nada bueno sale de decir que la ignorancia como herramienta política es audaz y pertinente; por el contrario, es el signo de la decadencia de nuestro sistema político y de nuestras aspiraciones democráticas.

                Bien puede ser el tipo que anda bailando día y noche en Miraflores, como el que va por Venezuela diciendo que a la gente no le interesa en lo más mínimo el estado de derecho, la libertad, y la igualdad. Aquel que evade el tema del narcotráfico y del malandraje como práctica estatal en virtud de hablar del pueblo hambriento –pueblo que al parecer es un bebé incomprendido e iletrado, pueblo que, al fin y al cabo, debe ser visto y explicado desde una visión lastimera.


                No es un triunfo, ni es inteligente, ni es sabio, ni es perspicaz decir que Maduro es un rolo-de-vivo y que nos tiene a todos pendientes de su mal inglés. Ir por el andén de la obviedad no es ningún logro. Pensar a Venezuela, ésta, la del 2016, no exige tan ingrata comodidad. Elite querida, con Luis Vicente León nos basta y nos sobra, por favor.

domingo, 20 de julio de 2014

Demencia Incurable: un ejemplo cinematográfico y un caso político

            -Venezuela y su dificultad comprensiva
El caso venezolano es uno que llena de interrogantes, en tanto que la facilidad de dar un diagnostico preciso sobre lo que sucede en nuestra nación requiere nuevas formas de pensar y analizar. No es una dictadura pero si es una dictadura. Hay libertades pero no hay libertades. Hay un gobierno militar y no hay un gobierno militar. Entonces, si a esta diatriba nos vamos entonces ¿en donde carajo nos encontramos?
            A mi manera de verlo nos vemos en algo así como una hallaca[1], en algo lleno de particularidades, lleno de singularidades las cuales, aún conformando a un todo, cuesta trabajo definirlo partiendo desde las reglas básicas de la cocina. Hay un poco de esto y un poco de aquello. No ver esta variedad que se nos presenta en el panorama actual en nuestro país es optar por tomar un camino ciego y anclado a las viejas formulas del pasado.


-El paciente y el diagnostico
           Me encargaré de hablar del gobierno, que en el actual instante se encuentra en una grave crisis[2] . Y es que por primera vez en la historia de nuestro país hemos podido observar una manifestación del estilo psiquiátrica, en su plenitud, en lo que para términos clásicos es el Estado Moderno: hablamos de la esquizofrenia. La esquizofrenia según el Diccionario de la Real Academia Española es un “Grupo de enfermedades mentales correspondientes a la antigua demencia precoz, que se declaran hacia la pubertad y se caracterizan por una disociación específica de las funciones psíquicas, que conduce, en los casos graves, a una demencia incurable”[3].
            Más allá de lo que usted pueda creer le comentaré que desconozco en su totalidad cualquier alusión teórica, que haya arrojado la psicología o la psiquiatría, de lo que clínicamente es la esquizofrenia; lo que sí puedo asegurar con total certeza es que si a ver nos vamos el concepto aquí comentado se adhiere a lo que se ha manifestado por medio de los voceros del Estado. Esto en tanto que se cumplen las siguientes características:
1.      Grupos de enfermedades mentales: se evidencia en las causas que ha manifestado el paciencia en tanto su lenguaje y su comportamiento. No hay una sola enfermedad sino diversas, no hay un solo culpable sino varios. No es solo la Guerra Económica sino también el proceso colonial de hace más de 400 años. No es solo la empresa privada sino también el conocido nuevo mal del cadivismo, del cual, casualmente aún no hemos oído aprehensiones o encarcelamientos.
2.      Antigua demencia precoz que se declara hacia la pubertad: No hay que olvidar que ya nuestro régimen político tiene 15 años. No es azaroso esto, diversas veces en el pasado en el discurso del propio Hugo Chávez se manifestaba la enfermedad que acaece a sus sucesores. Observar sobre todo en las alocuciones donde se hacía referencia a la amenaza yanqui mientras el ministro de Finanzas tranzaba negocios con Chevron, entre otros.
3.      Demencia incurable: Y en este punto nos extenderemos, puesto que como se ha observado en el último mes, pareciera que el paciente da signos de haber tomado el camino sin retorno. El de la demencia incurable, nada fácil de ser tratada en tanto que la misma se manifieste por medio de tres vocerías. Así es, tres vocerías y tres maneras de comprender al PSUV y al Gobierno: La del poder económico, la del sector civil y la del brazo militar. Apostamos por creer que este sea un síntoma de la condición esquizoide de nuestro gobierno. Por ejemplo, cada cabecilla de cada fracción importante – Rafael Ramírez, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello- se mantiene en palabras claves que aglutinan a la mayoría del credo chavista: el socialismo, la necesidad del cambiar el sistema capitalista, la amenaza imperial, gobierno popular y participativo, la canalla neoliberal, los medios de comunicación privados y sus mentiras, entre otros. Eso mientras estos títulos entrelazan parte de la lógica boliburguesa[4], ahora bien, ¿qué pasa cuando todos estos conceptos son desarrollados por las vocerías de cada fracción importante? Ahí la cuestión se pone sumamente difícil, digo, para aquellos que intentamos hacer análisis y ejercicio de comprensión con respecto a lo que sucede en materia económica y política en Venezuela.


-Entre la ficción y la realidad: un caso cinematográfico:
Como en Irene, Yo y Mi Otro Yo, película de humor negro de los Hermanos Farrelly[5], la sociedad venezolana se encuentra en una especie de tragicomedia. Somos nosotros, el pueblo, una suerte de Irene, que ha caído absorbidos por el encanto de nuestro extraño amor: un policía que toda su vida estuvo sometido y que, al sufrir una de sus tantas humillaciones, sucumbe ante una esquizofrenia que divide su mente en dos. Por una parte está Charlie, el mismo policía de siempre que ha sido objeto de burlas en su pueblo, y está Hank, el lado violento, el lado del sujeto que no creen en ningún compromiso social, ni en ninguna institución.
El PSUV es la encarnación de este policía que cumple 4 facetas: a) la del pobre e “inocente” funcionario policial que es objeto de todas las burlas del pueblo, pero que aún así es el ejemplo a seguir, una especie de Working Class-Hero; b) la del uniformado déspota, capaz de ahogar a una niña a razón de vengar las previas humillaciones vividas[6]; c) la del civil incapaz, que no está en condiciones para asumir la vida cotidiana pero aún así hace caso omiso y, “accidentalmente”, olvida sus pastillas; y d) el civil, que como respuesta al olvido de las pastillas, es una personalidad dominada por la cobardía y la conflictividad, producto de la misma esquizofrenia.
Estas cuatro facetas las observamos en quienes han sido las figuras de peso en el gobierno nacional desde el 2012 hasta nuestros días. Importante resaltar la preponderancia que damos al símbolo del uniforme, sin el cual resulta complicado en los días de hoy distinguir a un militar de un potencial delincuente[7].

a)      Hugo Rafael Chávez Frías es el funcionario que fue objeto de burlas, el ejemplo a seguir, el militar que mantenía la cordura pero que a su desaparición física da paso a la emergencia de las personalidades, producto de la demencia incurable que es la esquizofrenia. Que, según el discurso popularmente constituido, no era culpable de nuestros males ni estaba al tanto de los mismos. Una especie de ser inocente que como bien sabemos, tanto en la película como en la historia, es el gran responsable de la crisis posterior.
b)      Diosdado Cabello es el déspota, el que es capaz de vengar sin escrúpulo alguno las injusticias del pasado. Es la primera versión de Hank, esa representación del militar  hago-lo-que-me-da-la-gana venezolano, que a razón de hacerse respetar puede humillar a una mujer frente a sus hijos en la cola de un supermercado[8].
c)      Rafael Ramírez es el civil con la incapacidad de asumir el reto de vivir la vida cotidiana, o como lo llamase Alfred Schütz (Blank en Larrique, 2007: 200), esa tensión necesaria para distinguir el mundo de lo real con el mundo de los sueños[9]. En el caso particular de Ramírez es la incapacidad de lidiar con la presión de los sectores económicos y el idealismo del socialismo del siglo XXI. Esta tensión que es propia de la realidad social es insoportable para el personaje, que siempre para enfrentar una diatriba o una situación producto de la tensión de la que habla Schütz recurre al déspota[10].
d)     Nicolás Maduro, que es el civil cobarde y conflictivo, que ayuda al civil incapaz por medio de la retórica dirigida a amedrentar e intimidar. Para aquellos que han visto la película vale la pena recordar que al final, luego de que el Hank civil hiciera ejercicio de violencia por medio del lenguaje sucedían dos cosas: o la gente ignoraba o cuando alguien lo enfrentaba el decidía escurrirse en la mente para dar paso al Charlie incapaz de sobrellevar la vida real. Algo así como cuando nuestro Presidente anunció en enero que el dólar se mantendría en 6,30 para luego, en menos de dos meses devaluar la moneda a un increíble 11,30.


-Demencia incurable, reencanto imposible.
De lo que hemos podido ilustrar por medio de este ejemplo vale destacar que creemos que el caso del PSUV es uno digno de una tragedia y no de un drama, puesto que el último tiende siempre a resolverse mientras que el primero no es más que una historia sin solución posible. La solución en la película aquí comentada gira en torno a la cura del personaje central, la vuelta del personaje y modelo a seguir, y el reencantamiento que esto otorga a la relación entre Irene y Charle. 
Lo contrario a lo de aquella historia es lo que sucede en nuestro país: quien que era capaz de reencantar por medio del discurso falleció oficialmente el 5 de marzo del 2013. De ahí en adelante el chavismo se ha encontrando en esta complejidad que supone el buscar un nuevo discurso hegemónico; tarea álgida pues no hay uno solo sino que hay tres, el del déspota, el del incapaz y el del cobarde. De que exista una posibilidad de conseguir un nuevo discurso oficial no es mentira, entre las pugnas a lo interno del PSUV podemos agregar el cómo el gendarme militar ha ido tomando espacios propios de lo civil[11]. Pero lo que sí vemos con inminencia es lo incurable de esta forma de gobierno que luego de 15 años da signos de una demencia que es incapaz de dar sentido al mundo de vida político. Se encuentra pues, nuestro paciente, dando pasos hacia un camino sin retorno.


[1] Vale rememorar el por qué de esta metáfora: la historia que popularmente se ha construido de la hallaca. Se ha dicho que su origen viene desde la época de la colonia, donde los españoles al termino de sus comidas arrojaban los sobrados a los esclavos, quienes conformados por indios y negros unían todo aquello en un solo plato, envuelto en masa y la clásica hoja de plátano. Es decir, damos luz con este ejemplo a lo que es una mezcolanza, algo muy común en las tierras sureñas.
[2] Una crisis que no solo permea al PSUV: la MUD y demás fuerzas opositoras se encuentran en igual medida en crisis. ¿Son estas crisis reflejos de las partes que conforma la decadencia nacional?
[4] Lógica dominante que se extiende en todas las formas de práctica política en el estado. Todo el entramado discursivo-retórico que hace razonable a la corrupción y a los enchufados. Ver casos como los de Antonini Wilson, Aponte Aponte y el de Derwick Associates.
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Me,_Myself_%26_Irene
[6] http://www.youtube.com/watch?v=y27IHhe6hZY                    
[7] El tema de lo civil y lo militar fue desde el Siglo XX hasta el sol de nuestros días gran preocupación dentro de la intelectualidad venezolana. ¿Cómo superar el tema del gendarme como rector de la vida política y civil? Esta incongruencia de nuestra democracia puede ser aclarada con el ejemplo expuesto en la nota final de este ensayo. La dicotomía entre lo civil y lo militar la podemos leer en El Incesto Republicano: Relaciones civiles y militares en Venezuela 1812-2012  de Alejandro Cardozo Uzcátegui y Luis Alberto Buttó.
[8] http://www.youtube.com/watch?v=q8-1vRIXn38
[9] Larrique, Diego (compilador). 6 Ensayos de Teoría Social. Caracas. 2007. Ediciones/FACESUCV.
[10] Quizá no muy claro en el caso venezolano, pero observemos que no ha sido de gratis la salida de los cuarteles por parte de cantidades importantes de militares. Se evidencia esto sobre todo para los meses de abril, mayo y junio, donde la cantidad de militares era proporcional al aumento de precio que se evidenció en los víveres y recursos de primera necesidad. Es decir, para cualquier política económica es necesario el brazo militar… eso en tanto se evite la manifestación del descontento popular.
[11] Observable en la cantidad de gobernadores, parlamentarios y ministros con pasado en el estamento militar. El mayor ejemplo lo encontramos en nuestra Asamblea Nacional, donde el presidente de la misma no es nada más y nada menos que Diosdado Cabello, líder militar del régimen boliburgues. Parte de esta situación creemos que se debe en gran parte al histórico dominio de los militares sobre la política venezolana (quizá minimizado durante el puntofijismo), pero a su vez a la falta de interés y capacidad por parte de los civiles a la hora de asumir las riendas del aparato político y estatal.

sábado, 1 de marzo de 2014

Mi particular 5 de marzo. Parte 4: Bienvenida realidad

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            Recuerdo el transcurso del diciembre del 2012 a marzo del 2013con imágenes de mi quehacer por aquellos días: revisaba todas las noches lo que publicaban Bocaranda, Marquina y Villegas desde sus cuentas de Twitter. No había claridad con respecto a lo que sucedía, el Ministro de Información no contaba la historia en su totalidad y a nosotros, los ciudadanos nos tocaba creer más a los informantes de Bocaranda que a la misma versión de la realidad que vendía el gobierno nacional. Tan así fue la situación que varios estudiantes entraron en huelga de hambre exigiendo el parte médico del presidente Chávez, puesto que el mismo no era visible a la mirada de los ciudadanos.
            No faltaba el día en que se dijera que Chávez había muerto. No falta el día en que Diosdado Cabello apareciera abrazado de Nicolás Maduro. No había día en el que los opositores más radicales asumieran que todo era un complot. La sociedad venezolana estaba disociada, paralizada. Y aún así encontramos siempre la manera de sobrellevar los días. Yo había vuelto de lleno a las actividades políticas de mi escuela y además había viajado a Puerto Ordaz, la ciudad de mi novia, para conocer a mis suegros en pleno carnaval.
            Aquellos días los recuerdo con gran felicidad pero plagados de gran incertidumbre. Nadie sabía con exactitud qué pasaba. Recuerdo que estando en Puerto Ordaz el gobierno nacional devaluó el bolívar  un día y al día siguiente mostró a la opinión pública unas fotos recientes donde aparecía el presidente Chávez con sus hijas, la foto supuestamente había sido tomada posterior a la operación a la que se había sometido. Todos se concentraron en las fotos del presidente y no en la devaluación. Todos concentrados en el carnaval y no en la devaluación. Así ha sido la política desde el 98, nos golpean con un mazo y luego nos regalan un globo para olvidar lo sucedido.


            Cuando regresé de Puerto Ordaz sucedió lo increíble: Chávez había llegado a Venezuela ¿Lo extraño? Nadie lo vio. El gobierno anuncio que en la madrugada de un día -que no recuerdo- el presidente Chávez había aterrizado en Venezuela para seguir su tratamiento en el país. Todos los venezolanos esperábamos ante aquel anuncio que el presidente Chávez regresara como el titán que parecía ser, victorioso y preparado para asumir la situación política nacional, que a principios del año 2013 no pintaba muy bien por los indicadores económicos. Eso pensamos en un principio hasta que por la opinión de varios especialistas en el tema de la salud nos dimos cuenta de que la situación de Chávez era realmente jodida. Si quedaba vivo asumiría una vida como la de Ozzy Osborne en la vejez. No podría ser el eje del mando que había sido hasta esta parte de la historia. Pero todo era una manipulación más. Nos daríamos cuenta el 5 de marzo de aquella patraña que nos vendió el chavismo.


Recuerdo aquella semana, la del 5 de marzo, muy ajetreada. Hubo reportes de saqueos inexistentes, de disturbios en el centro, hubo un suicida en el Centro Comercial Millenium, había un estado de locura que jamás había visto en mi vida. En mi mente por aquellos días recuerdo que pasó por mi cabeza el pensamiento de que el alma de Chávez estaba dejando esta tierra y que esto ocasionaba una suerte de cataclismo metafísico en nuestra nación. Fue un pensamiento irracional, pero como siempre lo irracional es lo más cercano al sentir venezolano.
Sé que ese 5 de marzo llegaba mi novia de Puerto Ordaz, desde hacía ya dos semanas estaba al tanto de esa información. Ella llegaba a las 2 de la tarde. Yo desperté tarde esa mañana, me bañé, me arreglé y salí al restaurant de mis padres para poder salir con todos los hierros a La Guaira. Al llegar al negocio pude notar que la gente estaba alebrestada, no entendía por qué; mi padre me dijo al llegar que parecía que ya Chávez había muerto y que iban a anunciarlo en ese preciso instante. Ante esa noticia no pude hacer más que mostrar mi incredulidad. Ya los rumores de su muerte eran el pan nuestro de cada día. Pero en efecto todo el gabinete chavista se encontraba reunido y en cadena, todos con caras muy largas. En ese momentáneo lapso pensé que en efecto era verdad la cuestión. No faltó sino que mi amigo Eduardo Lovera, que trabajaba para aquel entonces en NotiTweets, me llamara para avisarme que iban a informar sobre el deceso del presidente esa misma tarde.
Ante aquella urgencia y sin haberle comentado claramente a mis padres que iba a buscar a mi novia a Maiquetía me dispuse a salir. Estaba en la Av. Baralt, la gente estaba a la expectativa. Pasé por Miraflores y varios cuerpos de seguridad se agrupaban al frente del palacio de gobierno. En aquel viaje de 20 minutos a la Guaira pensé en demasiadas cosas ¿Qué pasaría si de verdad Chávez se hubiese muerto ya? ¿Cómo iba a subir a Caracas si estaba militarizada? Para mayor drama mi novia vivía en la Av. José Ángel Lamas, como a dos cuadras del Hospital Militar, donde se encontraba el presidente Chávez desde su llegada al país.
Fue la bajada más larga que hice hacía la Guaira. Al llegar al aeropuerto el vuelo reportaba una demora leve, durante el tiempo que esperaba llamé como 3 veces a mi amigo Eduardo para que me informara de que se decía. En su última llamada alegaba que nada sería anunciado ese día, que nada sucedería y que me tranquilizara porque que nada pasaría, lo único que resaltó de la cadena fue que Maduro expulsó a unos diplomáticos estadounidenses. Y así lo hice, me calmé. Mi novia llegó y nos montamos en el carro y comenzó nuestra subida Caracas. Cuando íbamos llegando a la ciudad pude notar que estaba medianamente despejado el oeste. Arribando a la Av. San Martín mi amigo me llama y me confirma la fatalidad que muchos hubiesen querido no oír durante esos cortos pero largos 3 meses.
El presidente Hugo Rafael Chávez Frías había muerto. Maduro, junto con el alto mando militar y con los cabezas del PSUV lo anunciaban a moco tendido en cadena nacional. Eso me decía mi amigo quien me llamaba justo cuando iba por la Plaza O’Leary. Aumenté la velocidad y llegué lo más rápido posible a la casa de mi novia. Bajé sus maletas y la dejé ahí, no sin antes ver la masa roja que se aglutinaba a lo lejos en el Hospital Militar. Entré en pánico. Apenas la dejé en su casa me dispuse a manejar lo más rápido posible a mi casa. 
            Pasé por varias esquinas, y la gente se amontonaba en donde hubiese televisión para ver a Maduro llorar por el anuncia que iba en curso. Cuando llegué el vigilante del edificio junto con un vecino de marcada tendencia oficialista veían la cadena que estaba culminando. Todos los que nos encontrábamos en aquella escena en la Planta Baja de mi edificio nos manteníamos con cara de estupefacción. No podíamos creer lo que veíamos. Había muerto el comandante. Había muerto el tirano. Había muerto Chávez. Bajé a mi puesto en el estacionamiento y me quedé ahí, un minuto, pasmado, con un dolor en el pecho y en la cabeza. Subí rápidamente al apartamento y al llegar oí a mi madre cantar ‘Todo tiene su final’. Las redes sociales estallaban. Mi padre no lo asimilaba. Mi madre y mi hermano tomaban de la botella de whisky que había esperado por 10 años por algún otro momento diferente a ese. Pero no importaba, la situación igual contaba como tal. Hugo Rafael Chávez Frías había dejado nuestro país después de 14 años de mando.



            Y fue justo en ese momento, en la noche, mientras leía las locuras y los desahogos cibernéticos, cuando se me vino el mundo abajo. Fue justo cuando regresé a aquella noche de 1998 cuando Chávez ganó. Aquel malestar que sentí cuando Capriles perdió. Esa sensación de vulnerabilidad que sentí de niño al ver a mi padre preocupado, no por su futuro, no por el de sus hijos, sino por el de nuestra nación. Venezuela.

Mi particular 5 de marzo. Parte 3: La receta para el drama.

***

            Del correlato de fuerzas hecho en octubre del 2012 la oposición al gobierno chavista salió gravemente herida. Su gran reto era el de enfrentarse de nuevo ante el chavismo en las Elecciones Regionales que se celebrarían el 16 de diciembre del mismo año. Henrique Capriles Radonski se medía a Elías Jaua, egresado de mi escuela, por la Gobernación del Estado Miranda.
            El chavismo quería cortar la cabeza de sus rivales de una vez por todas, y las encuestas apuntaban a que el chavismo repetiría la gran mayoría de resultados por Gobernaciones al igual que el 7de Octubre. Para aquel entonces yo me encontraba desolado. Quería que Capriles asumiera una presidencia, no que repitiera un cargo en una gobernación. Pero aún así muchos asumimos aquella situación como una de vida o muerte. Puesto que si Capriles perdía la Gobernación su liderazgo y su figura quedarían bajo tierra.


            Tuvimos los ojos puestos en la Gobernación de Miranda desde el final de las Elecciones Presidenciales, gracias en parte a que el presidente Chávez lo quiso así. A pocos días de salir victorioso de los comicios de octubre el presidente Chávez decidió hacer cambios en su gabinete; el que más resaltaba era el de librar de su cargo de vicepresidencia a Elías Jaua para que se fuese por la Gobernación de Miranda. La Vicepresidencia de la Republica no había quedado vacía, la misma fue ocupada por Nicolás Maduro Moros, otrora Canciller de la Republica.
Muchos, por el fulgor de las elecciones venideras, pusieron el ojo sobre Elías Jaua pero no sobre Nicolás Maduro. Recuerdo conversaciones entre el profesor Alexander Campos, mi compañero de estudios y gran amigo Ralphy Rodriguez, y mi persona entorno a este tema. Al día de hoy desconozco porque estaríamos hablando del tema referido, pero recuerdo con claridad que mi amigo Ralphy aseguraba que, para cuando Chávez no estuviese, quien lo supliría sería Nicolás Maduro y no otro. De aquella discusión no recuerdo mucho, más allá de las consideraciones mías y las de nuestro profesor con respecto a dicha premisa: era un absurdo. Eso en la medida que Maduro, en su condición de Canciller, era desconocido a lo interno de la sociedad venezolana, adherido a que apenas comenzaba el tercer periodo de Chávez y, en un caso hipotético, el que Maduro tomara el puesto de Chávez no sucedería en un escenario cercano.
Hoy en día pienso que la ‘profecía’ de Ralphy por disparatada que fuese hacía una buena lectura que muchos, para octubre y noviembre de 2012, obviábamos. No fue sino hasta la noche del 8 de diciembre del año 2012 cuando sucedió algo totalmente inesperado. El presidente Hugo Rafael Chávez Frías había decaído de su cáncer. No se sabía el alcance pero cual Ché en Bolivia nuestro presidente eligió su sitio para morir: La Habana, Cuba.
Y más increíble aún fue el que nuestro presidente anunciara al país que su sucesor en la primera magistratura no sería nadie más sino Nicolás Maduro Moros, a quien el profesor Campos y yo restamos protagonismo en esta gran incógnita llamada Venezuela.  


Aquella alocución, la última de nuestro presidente la he visto al menos 5 veces, y lo impresionante de la misma es que delega la gran responsabilidad a Maduro en frente de Diosdado Cabello, el hombre más poderoso de la revolución. Chávez en esa cadena habló con gran serenidad, pidiendo unidad ¿a los movimientos sociales dentro del chavismo? No parecía ser así. El constante llamado a la unidad del Chávez de esa noche de diciembre no iba dirigido a sus ciudadanos, iba dirigido con toda certeza a sus Fuerzas Armadas.
Creo que el presidente Chávez sabía desde hacía buen rato sobre su condición y se tomó el tiempo suficiente para convencer a más de uno dentro de sus filas (Partido Socialista Unido de Venezuela, Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, Cuba) sobre la necesidad y la importancia de Maduro en la revolución. Daría lo que fuese por saber qué pasó aquellas noches en Miraflores. Al día de hoy, y quizá por un buen tiempo, esa historia, la de cómo Nicolás Maduro fue el nombre elegido dentro del chavismo para suplir al presidente Chávez,  nos será una incógnita para los ciudadanos venezolanos. Con suerte algún día sabremos muchas cosas que como ciudadanos se nos fueron ocultas por el bien de la ‘revolución’.
Esta situación a tan solo una semana de las Elecciones de Gobernadores abría un nuevo escenario en la vida nacional. Capriles debía ganar la elección en Miranda. El gobierno invirtió una cantidad de capital descomunal para asegurar la victoria de Jaua. La victoria de Capriles lo mantendría vivo y podría así medirse con Nicolás Maduro en caso de que el presidente Chávez muriera. La victoria de Jaua aseguraría la muerte política de la oposición y de la figura de Capriles. Era toda una novela la situación del país.



Como era de esperarse el PSUV arrasó con las gobernaciones, dejando solo tres a la oposición: Amazonas, Lara y ¡MIRANDA! Capriles había ganado. Aún no estábamos derrotados, más allá de la inversión desmedida de los chavistas en la campaña de Jaua el candidato oficialista perdió. Y así fue como todo estaba preparado. Chávez enfermo en Cuba,  Jaua derrotado, Maduro con un coroto que no era el de él, Diosdado en la Asamblea Nacional y Capriles con una victoria que lo situaba como el ‘destinado’ por la oposición. Aún así no se sabía que pasaría. No sería sino 3 meses después cuando el país volvería a tener algo de claridad con respecto a que sucedería. Esa fue una certeza que nos vino con la noticia que paralizó al mundo entero aquel 5 de marzo del año 2013.