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domingo, 20 de julio de 2014

Demencia Incurable: un ejemplo cinematográfico y un caso político

            -Venezuela y su dificultad comprensiva
El caso venezolano es uno que llena de interrogantes, en tanto que la facilidad de dar un diagnostico preciso sobre lo que sucede en nuestra nación requiere nuevas formas de pensar y analizar. No es una dictadura pero si es una dictadura. Hay libertades pero no hay libertades. Hay un gobierno militar y no hay un gobierno militar. Entonces, si a esta diatriba nos vamos entonces ¿en donde carajo nos encontramos?
            A mi manera de verlo nos vemos en algo así como una hallaca[1], en algo lleno de particularidades, lleno de singularidades las cuales, aún conformando a un todo, cuesta trabajo definirlo partiendo desde las reglas básicas de la cocina. Hay un poco de esto y un poco de aquello. No ver esta variedad que se nos presenta en el panorama actual en nuestro país es optar por tomar un camino ciego y anclado a las viejas formulas del pasado.


-El paciente y el diagnostico
           Me encargaré de hablar del gobierno, que en el actual instante se encuentra en una grave crisis[2] . Y es que por primera vez en la historia de nuestro país hemos podido observar una manifestación del estilo psiquiátrica, en su plenitud, en lo que para términos clásicos es el Estado Moderno: hablamos de la esquizofrenia. La esquizofrenia según el Diccionario de la Real Academia Española es un “Grupo de enfermedades mentales correspondientes a la antigua demencia precoz, que se declaran hacia la pubertad y se caracterizan por una disociación específica de las funciones psíquicas, que conduce, en los casos graves, a una demencia incurable”[3].
            Más allá de lo que usted pueda creer le comentaré que desconozco en su totalidad cualquier alusión teórica, que haya arrojado la psicología o la psiquiatría, de lo que clínicamente es la esquizofrenia; lo que sí puedo asegurar con total certeza es que si a ver nos vamos el concepto aquí comentado se adhiere a lo que se ha manifestado por medio de los voceros del Estado. Esto en tanto que se cumplen las siguientes características:
1.      Grupos de enfermedades mentales: se evidencia en las causas que ha manifestado el paciencia en tanto su lenguaje y su comportamiento. No hay una sola enfermedad sino diversas, no hay un solo culpable sino varios. No es solo la Guerra Económica sino también el proceso colonial de hace más de 400 años. No es solo la empresa privada sino también el conocido nuevo mal del cadivismo, del cual, casualmente aún no hemos oído aprehensiones o encarcelamientos.
2.      Antigua demencia precoz que se declara hacia la pubertad: No hay que olvidar que ya nuestro régimen político tiene 15 años. No es azaroso esto, diversas veces en el pasado en el discurso del propio Hugo Chávez se manifestaba la enfermedad que acaece a sus sucesores. Observar sobre todo en las alocuciones donde se hacía referencia a la amenaza yanqui mientras el ministro de Finanzas tranzaba negocios con Chevron, entre otros.
3.      Demencia incurable: Y en este punto nos extenderemos, puesto que como se ha observado en el último mes, pareciera que el paciente da signos de haber tomado el camino sin retorno. El de la demencia incurable, nada fácil de ser tratada en tanto que la misma se manifieste por medio de tres vocerías. Así es, tres vocerías y tres maneras de comprender al PSUV y al Gobierno: La del poder económico, la del sector civil y la del brazo militar. Apostamos por creer que este sea un síntoma de la condición esquizoide de nuestro gobierno. Por ejemplo, cada cabecilla de cada fracción importante – Rafael Ramírez, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello- se mantiene en palabras claves que aglutinan a la mayoría del credo chavista: el socialismo, la necesidad del cambiar el sistema capitalista, la amenaza imperial, gobierno popular y participativo, la canalla neoliberal, los medios de comunicación privados y sus mentiras, entre otros. Eso mientras estos títulos entrelazan parte de la lógica boliburguesa[4], ahora bien, ¿qué pasa cuando todos estos conceptos son desarrollados por las vocerías de cada fracción importante? Ahí la cuestión se pone sumamente difícil, digo, para aquellos que intentamos hacer análisis y ejercicio de comprensión con respecto a lo que sucede en materia económica y política en Venezuela.


-Entre la ficción y la realidad: un caso cinematográfico:
Como en Irene, Yo y Mi Otro Yo, película de humor negro de los Hermanos Farrelly[5], la sociedad venezolana se encuentra en una especie de tragicomedia. Somos nosotros, el pueblo, una suerte de Irene, que ha caído absorbidos por el encanto de nuestro extraño amor: un policía que toda su vida estuvo sometido y que, al sufrir una de sus tantas humillaciones, sucumbe ante una esquizofrenia que divide su mente en dos. Por una parte está Charlie, el mismo policía de siempre que ha sido objeto de burlas en su pueblo, y está Hank, el lado violento, el lado del sujeto que no creen en ningún compromiso social, ni en ninguna institución.
El PSUV es la encarnación de este policía que cumple 4 facetas: a) la del pobre e “inocente” funcionario policial que es objeto de todas las burlas del pueblo, pero que aún así es el ejemplo a seguir, una especie de Working Class-Hero; b) la del uniformado déspota, capaz de ahogar a una niña a razón de vengar las previas humillaciones vividas[6]; c) la del civil incapaz, que no está en condiciones para asumir la vida cotidiana pero aún así hace caso omiso y, “accidentalmente”, olvida sus pastillas; y d) el civil, que como respuesta al olvido de las pastillas, es una personalidad dominada por la cobardía y la conflictividad, producto de la misma esquizofrenia.
Estas cuatro facetas las observamos en quienes han sido las figuras de peso en el gobierno nacional desde el 2012 hasta nuestros días. Importante resaltar la preponderancia que damos al símbolo del uniforme, sin el cual resulta complicado en los días de hoy distinguir a un militar de un potencial delincuente[7].

a)      Hugo Rafael Chávez Frías es el funcionario que fue objeto de burlas, el ejemplo a seguir, el militar que mantenía la cordura pero que a su desaparición física da paso a la emergencia de las personalidades, producto de la demencia incurable que es la esquizofrenia. Que, según el discurso popularmente constituido, no era culpable de nuestros males ni estaba al tanto de los mismos. Una especie de ser inocente que como bien sabemos, tanto en la película como en la historia, es el gran responsable de la crisis posterior.
b)      Diosdado Cabello es el déspota, el que es capaz de vengar sin escrúpulo alguno las injusticias del pasado. Es la primera versión de Hank, esa representación del militar  hago-lo-que-me-da-la-gana venezolano, que a razón de hacerse respetar puede humillar a una mujer frente a sus hijos en la cola de un supermercado[8].
c)      Rafael Ramírez es el civil con la incapacidad de asumir el reto de vivir la vida cotidiana, o como lo llamase Alfred Schütz (Blank en Larrique, 2007: 200), esa tensión necesaria para distinguir el mundo de lo real con el mundo de los sueños[9]. En el caso particular de Ramírez es la incapacidad de lidiar con la presión de los sectores económicos y el idealismo del socialismo del siglo XXI. Esta tensión que es propia de la realidad social es insoportable para el personaje, que siempre para enfrentar una diatriba o una situación producto de la tensión de la que habla Schütz recurre al déspota[10].
d)     Nicolás Maduro, que es el civil cobarde y conflictivo, que ayuda al civil incapaz por medio de la retórica dirigida a amedrentar e intimidar. Para aquellos que han visto la película vale la pena recordar que al final, luego de que el Hank civil hiciera ejercicio de violencia por medio del lenguaje sucedían dos cosas: o la gente ignoraba o cuando alguien lo enfrentaba el decidía escurrirse en la mente para dar paso al Charlie incapaz de sobrellevar la vida real. Algo así como cuando nuestro Presidente anunció en enero que el dólar se mantendría en 6,30 para luego, en menos de dos meses devaluar la moneda a un increíble 11,30.


-Demencia incurable, reencanto imposible.
De lo que hemos podido ilustrar por medio de este ejemplo vale destacar que creemos que el caso del PSUV es uno digno de una tragedia y no de un drama, puesto que el último tiende siempre a resolverse mientras que el primero no es más que una historia sin solución posible. La solución en la película aquí comentada gira en torno a la cura del personaje central, la vuelta del personaje y modelo a seguir, y el reencantamiento que esto otorga a la relación entre Irene y Charle. 
Lo contrario a lo de aquella historia es lo que sucede en nuestro país: quien que era capaz de reencantar por medio del discurso falleció oficialmente el 5 de marzo del 2013. De ahí en adelante el chavismo se ha encontrando en esta complejidad que supone el buscar un nuevo discurso hegemónico; tarea álgida pues no hay uno solo sino que hay tres, el del déspota, el del incapaz y el del cobarde. De que exista una posibilidad de conseguir un nuevo discurso oficial no es mentira, entre las pugnas a lo interno del PSUV podemos agregar el cómo el gendarme militar ha ido tomando espacios propios de lo civil[11]. Pero lo que sí vemos con inminencia es lo incurable de esta forma de gobierno que luego de 15 años da signos de una demencia que es incapaz de dar sentido al mundo de vida político. Se encuentra pues, nuestro paciente, dando pasos hacia un camino sin retorno.


[1] Vale rememorar el por qué de esta metáfora: la historia que popularmente se ha construido de la hallaca. Se ha dicho que su origen viene desde la época de la colonia, donde los españoles al termino de sus comidas arrojaban los sobrados a los esclavos, quienes conformados por indios y negros unían todo aquello en un solo plato, envuelto en masa y la clásica hoja de plátano. Es decir, damos luz con este ejemplo a lo que es una mezcolanza, algo muy común en las tierras sureñas.
[2] Una crisis que no solo permea al PSUV: la MUD y demás fuerzas opositoras se encuentran en igual medida en crisis. ¿Son estas crisis reflejos de las partes que conforma la decadencia nacional?
[4] Lógica dominante que se extiende en todas las formas de práctica política en el estado. Todo el entramado discursivo-retórico que hace razonable a la corrupción y a los enchufados. Ver casos como los de Antonini Wilson, Aponte Aponte y el de Derwick Associates.
[5] http://es.wikipedia.org/wiki/Me,_Myself_%26_Irene
[6] http://www.youtube.com/watch?v=y27IHhe6hZY                    
[7] El tema de lo civil y lo militar fue desde el Siglo XX hasta el sol de nuestros días gran preocupación dentro de la intelectualidad venezolana. ¿Cómo superar el tema del gendarme como rector de la vida política y civil? Esta incongruencia de nuestra democracia puede ser aclarada con el ejemplo expuesto en la nota final de este ensayo. La dicotomía entre lo civil y lo militar la podemos leer en El Incesto Republicano: Relaciones civiles y militares en Venezuela 1812-2012  de Alejandro Cardozo Uzcátegui y Luis Alberto Buttó.
[8] http://www.youtube.com/watch?v=q8-1vRIXn38
[9] Larrique, Diego (compilador). 6 Ensayos de Teoría Social. Caracas. 2007. Ediciones/FACESUCV.
[10] Quizá no muy claro en el caso venezolano, pero observemos que no ha sido de gratis la salida de los cuarteles por parte de cantidades importantes de militares. Se evidencia esto sobre todo para los meses de abril, mayo y junio, donde la cantidad de militares era proporcional al aumento de precio que se evidenció en los víveres y recursos de primera necesidad. Es decir, para cualquier política económica es necesario el brazo militar… eso en tanto se evite la manifestación del descontento popular.
[11] Observable en la cantidad de gobernadores, parlamentarios y ministros con pasado en el estamento militar. El mayor ejemplo lo encontramos en nuestra Asamblea Nacional, donde el presidente de la misma no es nada más y nada menos que Diosdado Cabello, líder militar del régimen boliburgues. Parte de esta situación creemos que se debe en gran parte al histórico dominio de los militares sobre la política venezolana (quizá minimizado durante el puntofijismo), pero a su vez a la falta de interés y capacidad por parte de los civiles a la hora de asumir las riendas del aparato político y estatal.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Mi particular 5 de marzo. Parte 5: ¿Esto es Venezuela?

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            Miré a la ventana muchas veces, quizá veinte a lo largo de la noche. No veía más que oscuridad. Oscuridad y profundidad en las calles de Caracas. Decidí apagar mi computadora. Decidí encerrarme en mi cuarto. Quise comprender el dolor que me aquejaba. El malestar era tremendo. Lo he podido relacionar con la noche del 98’. Lo he podido relacionar a cuando era niño y mi madre me regañaba por no hacer mi tarea. Quizá era eso. Sentía que el país me reclamaba por no cumplir mi tarea. Venezuela quedaba a merced de militares y hampones. Esta era la patria que estaba dejando a mis inexistentes hijos. Era esta barbarie de 14 años en la que me había me criado lo que me aquejaba.


            Lloré lo que no había llorado en el 98’, lloré lo que no había llorado el 7 de octubre. Lloré por mis amigos, por mis padres, por mi hermano. No comprendía por qué permitimos que nuestro país llegara a este punto donde todo se veía definido por lo incierto. Una muerte sacudía a Latinoamerica. Una muerte hacía llorar a miles, a amantes y detractores. Todos sentíamos un vacío. Era inseguridad, era felicidad, era desolación, era vaciedad.
            Era la frustración, de querer saber algo y de obtener solo sobras. Nos quisimos sentir importantes en un momento donde toda sensación de humanidad era sinónimo ineludible de vulnerabilidad. El odio y el amor nos hacen así, perdemos el sentido de las cosas por las emociones que se desbordan. A veces quisiera que mi país y su gente me dejaran de importar, quisiera no haberme sentido así. Quisiera volver a la noche del 98 y preguntarle a mi padre que me deparaba, pero ni él ni nadie sabrán qué pasó con nuestros últimos años.
            La violencia es nuestra manera de entender la vida. La vida a su vez es tan insignificante como las marcas en la arena que dejamos a merced de la ola. Parecemos ser así, inamovibles hasta que no hay de donde sostenerse. Ni la academia nos puede salvar de esta inestabilidad. Hablamos de un país donde política, economía y moral son nociones oxidadas. Algunos creen en el agotamiento, yo solo veo flojera. Y lo que venía era peor.


            He visto al futuro manifestarse en mis sueños. Veo a hermanos de un mismo país dañándose, hiriéndose. Veo cúpulas luchar por poder. Veo familias abatidas por la pérdida de sus amados. Veo el silencio como herencia de la intolerancia. No veo salida, no veo ningún camino, no veo ninguna patria, no veo nada. Tengo una ceguera tan aguda que tan solo desearía ver un rayo de luz que de esperanza a este océano de desesperación. Sigo viendo a muchos llorando en la oscuridad de sus huecos. Y sí, llorar en silencio se nos ha hecho rutina.
            ¿Cómo no llorar si el futuro lucía más obscuro que de costumbre? ¿Cómo no reflexionar sobre la vida cuando una muerte afecta a miles? ¿Cómo no sentirme mal si a las puertas del futuro se asomaba un escenario nuevo? Pues era así, primera vez en 14 años que conoceríamos a otro presidente. Era un cambio radical para quienes nos criamos con el chavismo. Como diría Zygmunt Bauman, la incertidumbre era la gran certeza, en el caso especifico de Venezuela.
            Todos nos detuvimos en seco, todos rogamos por qué el futuro sonriera a Venezuela. Aquella noche, todos pensamos en nuestro país. Como desearía que todas las noches significasen el mismo arrojo por la patria. El mismo pensar en la nación. El mismo soñar una estabilidad. Pero no, la realidad rara vez pide cosas prestadas  a los sueños. Y es una gran contradicción ¿Pues qué país puede ser tan o más irracional que Venezuela? Aquella noche todos fuimos verdaderos venezolanos, deseando lo que nos era imposible mientras despreciábamos el estado actual de las cosas.
            Es así, es Venezuela, es el gran dolor de pecho que sentimos todos sus ciudadanos en épocas de incertidumbre. Es la irracionalidad que acompaña el dolor de un padre. Es el recordar a nuestro amigo de la infancia que perdimos. Es el entrar en la universidad con la esperanza de hacer el cambio. Es el amar y odiar a los compañeros de uno. Es la botella de whisky que esperábamos abrir justo en el momento y en el instante que nunca llegó, pero que, aún así, bebimos cuando nos provocó. Es el gran intento por comprender a una sociedad que es incomprensible, inentendíble, inexplicable y aún así perfecta.
           

            Yo no sé mucho de mi país. Ya no se me ocurre que más escribir. Son tiempos de incertidumbre. Son épocas oscuras las que vive nuestra nación. Pero estoy seguro de algo, de todo esto saldremos fortalecidos como la nación que merecemos ser. Veremos días de gloria volver a nuestro país. Podremos criar a nuestros hijos, ondear la bandera y decir orgullosos que somos venezolanos y que pudimos superar la tempestad que hoy nos golpea.

 Y eso es tan irracional como… ¿mi país? 

sábado, 1 de marzo de 2014

Mi particular 5 de marzo. Parte 4: Bienvenida realidad

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            Recuerdo el transcurso del diciembre del 2012 a marzo del 2013con imágenes de mi quehacer por aquellos días: revisaba todas las noches lo que publicaban Bocaranda, Marquina y Villegas desde sus cuentas de Twitter. No había claridad con respecto a lo que sucedía, el Ministro de Información no contaba la historia en su totalidad y a nosotros, los ciudadanos nos tocaba creer más a los informantes de Bocaranda que a la misma versión de la realidad que vendía el gobierno nacional. Tan así fue la situación que varios estudiantes entraron en huelga de hambre exigiendo el parte médico del presidente Chávez, puesto que el mismo no era visible a la mirada de los ciudadanos.
            No faltaba el día en que se dijera que Chávez había muerto. No falta el día en que Diosdado Cabello apareciera abrazado de Nicolás Maduro. No había día en el que los opositores más radicales asumieran que todo era un complot. La sociedad venezolana estaba disociada, paralizada. Y aún así encontramos siempre la manera de sobrellevar los días. Yo había vuelto de lleno a las actividades políticas de mi escuela y además había viajado a Puerto Ordaz, la ciudad de mi novia, para conocer a mis suegros en pleno carnaval.
            Aquellos días los recuerdo con gran felicidad pero plagados de gran incertidumbre. Nadie sabía con exactitud qué pasaba. Recuerdo que estando en Puerto Ordaz el gobierno nacional devaluó el bolívar  un día y al día siguiente mostró a la opinión pública unas fotos recientes donde aparecía el presidente Chávez con sus hijas, la foto supuestamente había sido tomada posterior a la operación a la que se había sometido. Todos se concentraron en las fotos del presidente y no en la devaluación. Todos concentrados en el carnaval y no en la devaluación. Así ha sido la política desde el 98, nos golpean con un mazo y luego nos regalan un globo para olvidar lo sucedido.


            Cuando regresé de Puerto Ordaz sucedió lo increíble: Chávez había llegado a Venezuela ¿Lo extraño? Nadie lo vio. El gobierno anuncio que en la madrugada de un día -que no recuerdo- el presidente Chávez había aterrizado en Venezuela para seguir su tratamiento en el país. Todos los venezolanos esperábamos ante aquel anuncio que el presidente Chávez regresara como el titán que parecía ser, victorioso y preparado para asumir la situación política nacional, que a principios del año 2013 no pintaba muy bien por los indicadores económicos. Eso pensamos en un principio hasta que por la opinión de varios especialistas en el tema de la salud nos dimos cuenta de que la situación de Chávez era realmente jodida. Si quedaba vivo asumiría una vida como la de Ozzy Osborne en la vejez. No podría ser el eje del mando que había sido hasta esta parte de la historia. Pero todo era una manipulación más. Nos daríamos cuenta el 5 de marzo de aquella patraña que nos vendió el chavismo.


Recuerdo aquella semana, la del 5 de marzo, muy ajetreada. Hubo reportes de saqueos inexistentes, de disturbios en el centro, hubo un suicida en el Centro Comercial Millenium, había un estado de locura que jamás había visto en mi vida. En mi mente por aquellos días recuerdo que pasó por mi cabeza el pensamiento de que el alma de Chávez estaba dejando esta tierra y que esto ocasionaba una suerte de cataclismo metafísico en nuestra nación. Fue un pensamiento irracional, pero como siempre lo irracional es lo más cercano al sentir venezolano.
Sé que ese 5 de marzo llegaba mi novia de Puerto Ordaz, desde hacía ya dos semanas estaba al tanto de esa información. Ella llegaba a las 2 de la tarde. Yo desperté tarde esa mañana, me bañé, me arreglé y salí al restaurant de mis padres para poder salir con todos los hierros a La Guaira. Al llegar al negocio pude notar que la gente estaba alebrestada, no entendía por qué; mi padre me dijo al llegar que parecía que ya Chávez había muerto y que iban a anunciarlo en ese preciso instante. Ante esa noticia no pude hacer más que mostrar mi incredulidad. Ya los rumores de su muerte eran el pan nuestro de cada día. Pero en efecto todo el gabinete chavista se encontraba reunido y en cadena, todos con caras muy largas. En ese momentáneo lapso pensé que en efecto era verdad la cuestión. No faltó sino que mi amigo Eduardo Lovera, que trabajaba para aquel entonces en NotiTweets, me llamara para avisarme que iban a informar sobre el deceso del presidente esa misma tarde.
Ante aquella urgencia y sin haberle comentado claramente a mis padres que iba a buscar a mi novia a Maiquetía me dispuse a salir. Estaba en la Av. Baralt, la gente estaba a la expectativa. Pasé por Miraflores y varios cuerpos de seguridad se agrupaban al frente del palacio de gobierno. En aquel viaje de 20 minutos a la Guaira pensé en demasiadas cosas ¿Qué pasaría si de verdad Chávez se hubiese muerto ya? ¿Cómo iba a subir a Caracas si estaba militarizada? Para mayor drama mi novia vivía en la Av. José Ángel Lamas, como a dos cuadras del Hospital Militar, donde se encontraba el presidente Chávez desde su llegada al país.
Fue la bajada más larga que hice hacía la Guaira. Al llegar al aeropuerto el vuelo reportaba una demora leve, durante el tiempo que esperaba llamé como 3 veces a mi amigo Eduardo para que me informara de que se decía. En su última llamada alegaba que nada sería anunciado ese día, que nada sucedería y que me tranquilizara porque que nada pasaría, lo único que resaltó de la cadena fue que Maduro expulsó a unos diplomáticos estadounidenses. Y así lo hice, me calmé. Mi novia llegó y nos montamos en el carro y comenzó nuestra subida Caracas. Cuando íbamos llegando a la ciudad pude notar que estaba medianamente despejado el oeste. Arribando a la Av. San Martín mi amigo me llama y me confirma la fatalidad que muchos hubiesen querido no oír durante esos cortos pero largos 3 meses.
El presidente Hugo Rafael Chávez Frías había muerto. Maduro, junto con el alto mando militar y con los cabezas del PSUV lo anunciaban a moco tendido en cadena nacional. Eso me decía mi amigo quien me llamaba justo cuando iba por la Plaza O’Leary. Aumenté la velocidad y llegué lo más rápido posible a la casa de mi novia. Bajé sus maletas y la dejé ahí, no sin antes ver la masa roja que se aglutinaba a lo lejos en el Hospital Militar. Entré en pánico. Apenas la dejé en su casa me dispuse a manejar lo más rápido posible a mi casa. 
            Pasé por varias esquinas, y la gente se amontonaba en donde hubiese televisión para ver a Maduro llorar por el anuncia que iba en curso. Cuando llegué el vigilante del edificio junto con un vecino de marcada tendencia oficialista veían la cadena que estaba culminando. Todos los que nos encontrábamos en aquella escena en la Planta Baja de mi edificio nos manteníamos con cara de estupefacción. No podíamos creer lo que veíamos. Había muerto el comandante. Había muerto el tirano. Había muerto Chávez. Bajé a mi puesto en el estacionamiento y me quedé ahí, un minuto, pasmado, con un dolor en el pecho y en la cabeza. Subí rápidamente al apartamento y al llegar oí a mi madre cantar ‘Todo tiene su final’. Las redes sociales estallaban. Mi padre no lo asimilaba. Mi madre y mi hermano tomaban de la botella de whisky que había esperado por 10 años por algún otro momento diferente a ese. Pero no importaba, la situación igual contaba como tal. Hugo Rafael Chávez Frías había dejado nuestro país después de 14 años de mando.



            Y fue justo en ese momento, en la noche, mientras leía las locuras y los desahogos cibernéticos, cuando se me vino el mundo abajo. Fue justo cuando regresé a aquella noche de 1998 cuando Chávez ganó. Aquel malestar que sentí cuando Capriles perdió. Esa sensación de vulnerabilidad que sentí de niño al ver a mi padre preocupado, no por su futuro, no por el de sus hijos, sino por el de nuestra nación. Venezuela.

Mi particular 5 de marzo. Parte 3: La receta para el drama.

***

            Del correlato de fuerzas hecho en octubre del 2012 la oposición al gobierno chavista salió gravemente herida. Su gran reto era el de enfrentarse de nuevo ante el chavismo en las Elecciones Regionales que se celebrarían el 16 de diciembre del mismo año. Henrique Capriles Radonski se medía a Elías Jaua, egresado de mi escuela, por la Gobernación del Estado Miranda.
            El chavismo quería cortar la cabeza de sus rivales de una vez por todas, y las encuestas apuntaban a que el chavismo repetiría la gran mayoría de resultados por Gobernaciones al igual que el 7de Octubre. Para aquel entonces yo me encontraba desolado. Quería que Capriles asumiera una presidencia, no que repitiera un cargo en una gobernación. Pero aún así muchos asumimos aquella situación como una de vida o muerte. Puesto que si Capriles perdía la Gobernación su liderazgo y su figura quedarían bajo tierra.


            Tuvimos los ojos puestos en la Gobernación de Miranda desde el final de las Elecciones Presidenciales, gracias en parte a que el presidente Chávez lo quiso así. A pocos días de salir victorioso de los comicios de octubre el presidente Chávez decidió hacer cambios en su gabinete; el que más resaltaba era el de librar de su cargo de vicepresidencia a Elías Jaua para que se fuese por la Gobernación de Miranda. La Vicepresidencia de la Republica no había quedado vacía, la misma fue ocupada por Nicolás Maduro Moros, otrora Canciller de la Republica.
Muchos, por el fulgor de las elecciones venideras, pusieron el ojo sobre Elías Jaua pero no sobre Nicolás Maduro. Recuerdo conversaciones entre el profesor Alexander Campos, mi compañero de estudios y gran amigo Ralphy Rodriguez, y mi persona entorno a este tema. Al día de hoy desconozco porque estaríamos hablando del tema referido, pero recuerdo con claridad que mi amigo Ralphy aseguraba que, para cuando Chávez no estuviese, quien lo supliría sería Nicolás Maduro y no otro. De aquella discusión no recuerdo mucho, más allá de las consideraciones mías y las de nuestro profesor con respecto a dicha premisa: era un absurdo. Eso en la medida que Maduro, en su condición de Canciller, era desconocido a lo interno de la sociedad venezolana, adherido a que apenas comenzaba el tercer periodo de Chávez y, en un caso hipotético, el que Maduro tomara el puesto de Chávez no sucedería en un escenario cercano.
Hoy en día pienso que la ‘profecía’ de Ralphy por disparatada que fuese hacía una buena lectura que muchos, para octubre y noviembre de 2012, obviábamos. No fue sino hasta la noche del 8 de diciembre del año 2012 cuando sucedió algo totalmente inesperado. El presidente Hugo Rafael Chávez Frías había decaído de su cáncer. No se sabía el alcance pero cual Ché en Bolivia nuestro presidente eligió su sitio para morir: La Habana, Cuba.
Y más increíble aún fue el que nuestro presidente anunciara al país que su sucesor en la primera magistratura no sería nadie más sino Nicolás Maduro Moros, a quien el profesor Campos y yo restamos protagonismo en esta gran incógnita llamada Venezuela.  


Aquella alocución, la última de nuestro presidente la he visto al menos 5 veces, y lo impresionante de la misma es que delega la gran responsabilidad a Maduro en frente de Diosdado Cabello, el hombre más poderoso de la revolución. Chávez en esa cadena habló con gran serenidad, pidiendo unidad ¿a los movimientos sociales dentro del chavismo? No parecía ser así. El constante llamado a la unidad del Chávez de esa noche de diciembre no iba dirigido a sus ciudadanos, iba dirigido con toda certeza a sus Fuerzas Armadas.
Creo que el presidente Chávez sabía desde hacía buen rato sobre su condición y se tomó el tiempo suficiente para convencer a más de uno dentro de sus filas (Partido Socialista Unido de Venezuela, Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, Cuba) sobre la necesidad y la importancia de Maduro en la revolución. Daría lo que fuese por saber qué pasó aquellas noches en Miraflores. Al día de hoy, y quizá por un buen tiempo, esa historia, la de cómo Nicolás Maduro fue el nombre elegido dentro del chavismo para suplir al presidente Chávez,  nos será una incógnita para los ciudadanos venezolanos. Con suerte algún día sabremos muchas cosas que como ciudadanos se nos fueron ocultas por el bien de la ‘revolución’.
Esta situación a tan solo una semana de las Elecciones de Gobernadores abría un nuevo escenario en la vida nacional. Capriles debía ganar la elección en Miranda. El gobierno invirtió una cantidad de capital descomunal para asegurar la victoria de Jaua. La victoria de Capriles lo mantendría vivo y podría así medirse con Nicolás Maduro en caso de que el presidente Chávez muriera. La victoria de Jaua aseguraría la muerte política de la oposición y de la figura de Capriles. Era toda una novela la situación del país.



Como era de esperarse el PSUV arrasó con las gobernaciones, dejando solo tres a la oposición: Amazonas, Lara y ¡MIRANDA! Capriles había ganado. Aún no estábamos derrotados, más allá de la inversión desmedida de los chavistas en la campaña de Jaua el candidato oficialista perdió. Y así fue como todo estaba preparado. Chávez enfermo en Cuba,  Jaua derrotado, Maduro con un coroto que no era el de él, Diosdado en la Asamblea Nacional y Capriles con una victoria que lo situaba como el ‘destinado’ por la oposición. Aún así no se sabía que pasaría. No sería sino 3 meses después cuando el país volvería a tener algo de claridad con respecto a que sucedería. Esa fue una certeza que nos vino con la noticia que paralizó al mundo entero aquel 5 de marzo del año 2013.

martes, 25 de febrero de 2014

Mi particular 5 de marzo. Parte 2: La ficción como producto de lo incomprensible.

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Entré en la Escuela de Sociología de la UCV para el 24 de enero del año 2011. Desde el momento en que la figura de Chávez llegó al ideario nacional y este 2011 habían pasado más de 10 años. Entre desencuentros, errores y catástrofe la oposición al gobierno de Hugo Chávez estaba dando señales de vida; principalmente gracias a las figuras que de ella habían surgido desde las elecciones de gobernaciones de 2008, donde Henrique Capriles Radonski derrotó, en la elección del Gobernador de Miranda, a quien ya para aquel entonces se asomaba a como el verdadero comandante de esta revolución, Diosdado Cabello.
Cuando entré en la escuela me interesaba la política, era el pan de cada día puesto que mis padres, de manera militante, oían al Ciudadano Leopoldo Castillo todos los días en las noches caraqueñas. Adherido al hecho de que en nuestro país -según decían las malas y viejas lenguas- lo relacionado a la política había cambiado.
-“Previo a Chávez el tema político era atípico en la sociedad venezolana”
-“Antes de Chávez ¿Cuándo viste tú al presidente hablarle constantemente al pueblo?”
-“Eso es ahora que todos estamos al tanto de lo que sucede. Eso no pasaba con la 4ta”

            El discurso político se volvió un lugar común en nuestras vidas. No era raro ir caminando por el Capitolio y oír a varios viejos hablando de política. No era extraño ir por la Plaza Mayor y ver que tenían un televisor con el canal del estado, Venezolana de Televisión. Se nos volvió costumbre el que nuestro presidente se encadenara para informar,  y sí, también hacerse proselitismo político. Algo que no faltó, posterior al 11 de Abril (fecha que dejó una gran cicatriz en nuestra nación), era el oír que en cualquier momento Chávez soltaba el coroto y de nuevo volverían los  buenos tiempos a Venezuela…
            Pero nunca pasó. Nunca llegaba el día en el Chávez caía. Cada vez se hacía más fuerte el imaginario colectivo que acompañaba a la figura de Chávez. Recuerdo que fueron pocas las victorias que conseguimos como oposición entre 1998 hasta el 2011. Y sí, nuestro país se había acostumbrado a la política en gran parte gracias a que casi todos los años había elecciones de cualquier cosa. Siempre habían dos fuerzas políticas que se hacían antagónicas entre si y buscaban legitimar sus ideas (no formas de hacer política) por medio del voto popular. Gracias al éxito del chavismo en elecciones mi madre aguardaba una botella de whisky desde 2003 para celebrar el día que Chávez cayera. Si se refería a elecciones o un golpe no lo sabría decir, lo que sé es que esa botella fue vaciada en 2013 y sin ninguno de esos dos pretextos.


            Chávez estaba super-legitimado, pero en el corazón de muchos opositores vimos aquel 12 de febrero del 2012 como un gran dejo de luz ante a la sombra que el chavismo había arrastrado a nuestro país: Hubo primarias donde se decidiría, desde el bando opositor, quien se mediría a Hugo Chávez en los comicios de mismo año 2012. Henrique Capriles Radonski resultó ganador. Toda la nación estuvo a la expectativa de lo que sucedería más adelante en ese año en las elecciones presidenciales, donde se medirían el candidato opositor y el candidato oficialista.
            Para aquel momento ya me encontraba en la Universidad Central de Venezuela. Cuando mi hermano se enteró de que había quedado en Sociología me preguntó entre reclamo e incógnita: “¿Y es que acaso te vas a meter a guerrillero?”. Esto motivado a la historia de mi Alma Mater; sobre todo la de la Escuela de Sociología, de donde habían salido varios chivos del gobierno chavista: Elías Jaua, Juan Barreto, Tibisay Lucena, Javier Biardeau, entre otros. Siempre la UCV fue de izquierda, pero para el momento de mi llegada sucedía algo extraño; la históricamente combativa e izquierdosa UCV no compaginaba para nada con el gobierno de Hugo Chávez.
            Quise entonces entrar en el mundo de la política universitaria, y si me es permitido debo admitir que desde el inicio lo hice con plena convicción de que estaba haciéndolo mirando hacia la posteridad. Motivado en gran medida a que ya para aquel entonces el chavismo se mostraba como un movimiento social con características totalitarias pero que aún para el año 2011 sostenía banderas democráticas; esto adherido a que mi escuela era una donde la disputa entre oposición y gobierno era realmente viva. Mi escuela era la metáfora de Osgiliath en el legendarium de J.R.R. Tolkien: una ciudad frontera que separaba a Minas Tirith de Mordor, al reino humano de los orcos; es decir, a los opositores del chavismo violento.
            Cuando llegué a la Escuela el grupo político que adversaba al chavismo había perdido las elecciones del año 2010 por tan solo 4 votos. Se presentaba como un reto el quitarle el cetro al chavismo pero lo hicimos, aquellas elecciones las ganamos por unos 10 votos, no recuerdo la cifra exacta. Y no fue fácil, en aquel año 2011 en medio de mi incursión al mundo de la política universitaria pude ver a primera vista lo que era el chavismo real: violento con sus hampones de Trabajo Social, dogmatico con sus intelectuales de Sociología, tramposos como los de ambas escuelas e “ingenuo” como el universitario que creía que tanto la violencia, el dogma y la trampa eran puros cuentos chinos.
            Pero al fin y al cabo obtuvimos la presidencia del Centro de Estudiantes de la Escuela de Sociología. La gestión que desempeñamos para el 2012 fue un tanto ambigua por los problemas que se presentaron a lo interno y a lo externo de nuestro grupo político, Movimiento Vínculo. Nunca nos fueron ajenas las manipulaciones perpetradas por el chavismo de nuestra escuela, donde se nos acusaba de ser agentes de la CIA, militar en el partido Primero Justicia, entre otros.
            Pero así pasó el año 2012, entre política, amigos y mi novia de aquel momento. Ella no era de Caracas, era de Puerto Ordaz pero entró en la cohorte de Sociología de la UCV de ese mismo año. Nuestra relación estuvo marcada por muchas cosas: el ver clase con profesores que arremetieron con mis creencias personales y principalmente por aquel 7 de octubre de 2012.
         

            Ver la clase de Psicología Social con el profesor Jean Márquez fue un antes y un después.  Aquel profesor era bastante crítico; lo era con el chavismo y con la oposición. Era una mezcla entre Lander, Lanz y Subcomandante Marcos. La criticidad que Jean inyectó en aquellos quienes vimos clase con él creo que es tan agradecida como la docencia que Sáez Mérida impartió a sus estudiantes en su momento. Y el ser crítico en aquel entonces era de vital importancia, dadas las circunstancias que vivía nuestro país.
            Se avecinaban elecciones presidenciales que servirían para prolongar el mando del chavismo en el país por unos 6 años más o para traer un cambio de mando de la mano de Henrique Capriles. Si bien no ejercí mucho de política universitaria si era activo en cuanto a la política nacional. Fui a varios barrios de la ciudad capital a acompañar la candidatura de Capriles y sus propuestas. En varios nos recibieron con ferviente emoción. En varios nos insultaban. En uno hubo un tiroteo en nuestra contra…
            No comprendía aún como la figura de Chávez era tan fuerte en el barrio popular. Si bien desde el lejano 1998 y aquel 2012 Venezuela no había avanzado como las promesas del chavismo suponían la gente aún quería al presidente venezolano. Yo en mi mente no podía ni quería creer eso. Pero el gran golpe con la realidad lo tuve en la noche del 7 de octubre de ese año. Hugo Rafael Chávez Frías había ganado una vez más las elecciones.
            Mi hermano y mi padre fueron testigos de mesa, en nuestro centro de votación y nuestra parroquia ganamos de manera holgada al chavismo. Así pasó en algunos sitios de clase media, clase media-alta. La situación fue que en los sectores populares perdimos por paliza; los sectores del barrio y donde la vida mostraba su lado más crudo daban de nuevo su voto al presidente Chávez.


            Recuerdo aquella como una noche muy triste, mi madre lloraba por mi futuro, por el de mi hermano. Mi novia lloraba también. Todos se sentían tristes. Para mí era una tristeza ya conocida, pero que no podía entender. No la podía canalizar de la manera que quería. No pude llorar aquella noche. Me sentía abrumado pero no sabía qué hacer. Solo sabía que no me sentía parte de mi país. Que no entendía a su gente. Que estaba fuera de lugar. La ola regresó y me revolcó contra la arena. Era Dom Cobb llegando al limbo. Era Bruce Wayne cayendo al precipicio. Es una caricatura arrugada que alguien había olvidado.

Aquella noche los fuegos artificiales fueron abundantes. El que pasaran varios grupos de motorizados simpatizantes de Chávez por las calles celebrando su victoria no era extraño. Capriles asumía, cabizbajo, la derrota. El chavismo se ensanchaba. El chavismo se prolongaba. La masa enloquecía… Pero, ¿el chavismo duraría 6 años más? Nadie podía saber lo que sucedería en los meses siguientes a la victoria del 7 de octubre.  El desenlace de la historia que comenzó en 1998 sería el menos esperado y quizá el más cruel de todos.

Mi particular 5 de marzo. Parte 1: El lejano 1998.

*

Mi afán político nació con mis recuerdos.
Fue en aquella noche de 1998 cuando el Consejo Nacional Electoral anunciaba que Hugo Rafael Chávez Frías había ganado las elecciones presidenciales; su principal contendiente era el empresario Henrique Salas Römer.  En mi mente hay imágenes un tanto turbias sobre aquella campaña; recuerdo que mi padre y mi madre, como personas que apoyaban al partido Acción Democrática eran tempranos detractores de la propuesta del MBR200 y del posterior MVR. Para aquel año yo tenía apenas 5 años, y recuerdo que, con la inocencia que caracteriza a un niño de 5 años, yo traía a colación en el preescolar del San Judas Tadeo temas que tenían que ver con el estar en mi casa. Bien podía hablar de Dragon Ball, de las caricaturas sobre beisbol que sacaba el antiguo periodo El Mundo,  del Mega Match y también de la serie juvenil Jugando a Ganar.
Había algo más en aquellas conversaciones y en aquel mundo de vida familiar,  algo que en la Venezuela de los 90's era un tema ya bastante regular: La Política. Recuerdo a mis padres hablar innumerables veces del porqué era de vital importancia para la nación (que no era la de ellos) que Hugo Chávez no ganará las elecciones. Este discurso de mis padres fue extendido a mí, de manera tal que sin yo quererlo o racionalizarlo me convertí en un promotor de tal idea. En mi colegio recuerdo que en una ocasión mientras jugaba con un compañero le pregunté sobre las elecciones (Vale acotar que para la mente de un niño de 5 años esta era una pregunta o un tema de conversación que no pasaba de ser mas que aburrido). Mi pregunta giraba entorno sobre si sus padres, al igual que los míos, apoyaban a Salas Römer de cara a los comicios electorales (todo con un lenguaje y una racionalización mucho menos formal y técnica). Grande fue mi sorpresa cuando mi compañero me contesto que no; de hecho recuerdo su respuesta exacta: “Mis papás están con Chávez”.
Siendo un niño no comprendía lo que mi compañero me decía ¿Cómo era posible que sus padres apoyaran a ese señor del que tanto y tan mal se hablaba? ¿Estaba bien que sus padres apoyaran al señor que mis padres tanto aborrecían? ¿Cómo es que existía alguien que apoyara a Hugo Chávez? Quizá este episodio marco mi vida. Aún lo recuerdo y ahora que lo veo en retrospectiva puedo pensar en la gran cantidad de implicaciones que aquel aparente momento intrascendente tendría en mi vida.
Desde aquel momento vi a mi amigo de manera diferente. Qué será de la vida de él hoy no lo sé, pero de algo estoy seguro… En aquel momento con apenas 5 años pude sentir en mi vida, que fuera de mi familia y fuera de mi casa y fuera de mis juegos y programas de TV, había algo más. Estaba conociendo otra mirada, otra manera de pensar y otra manera de andar en la vida que se diferenciaba en cosas que yo para aquel entonces consideraba elementales e inmóviles.
Pasaron los días desde aquel momento y en mi mente pensaba en mi amigo y la decisión de sus padres.  Pero como buen niño que fui todo lo olvidé. Hasta que un día llegaron las elecciones; recuerdo que durante todo ese día estaban pasando en Venevision una película de los Power Rangers que me gustaba bastante (Por favor, tenía 5 años, ¿ok?) pero mis padres continuamente me sacaban del cuarto para cambiar el canal y ver el seguimiento de las elecciones que estaban corriendo en los canales de televisión nacional. Fue como a las 7:00 PM que se anunciaba que el ganador era Hugo Rafael Chávez Frías, el hombre a quien mis padres odiaban y con los cuales, paradójicamente, los padres mi amigo estaban.
En primera instancia al ver la foto de ese tal Hugo por TV, todo sonriente y con un dejo de victoria característico en quienes ganan, no sentí nada, fue la menor empatía posible. Solo recordaba a mi amigo y pensaba en que sus padres de seguro debían estar felices cual mi hermano cuando Alemania ganaba algún partido de fútbol.  No fue sino hasta que oí a mi padre hablar cuando salí de mi letargo infantil. Mi padre enfurecido se paró y gritó por la ventana con furia:
-“¡¡¡NO SABEN EN QUE NOS HAN METIDO!!!”
Y así pasó aquella noche, con mi padre maldiciendo al cielo, mi madre entre molesta, desganada y satírica, y mi hermano y yo sin la menor idea de lo que sucedía pero siempre jugando y jodiendo. Tenía 5 años, y aún no comprendía que para aquel momento sentía un malestar a lo interno, era una especie de ola que me tumbaba y me arrastraba. En esa ola no tenía la menor posibilidad de dominar mis movimientos; yo era un ser más en este vasto universo, un ser que apenas estaba conviviendo con la decepción y con la derrota, un ser que entendía que la ola iracunda que me había arrastrado a la orilla no era la única responsable de mi recién hallada vulnerabilidad.


Aquella sensación la identifiqué muy pocas veces en los años siguientes y cada vez que la sentía jamás la llegaba a relacionar con aquella noche de 1998. La única vez que he podido respirar profundamente, mirar en retrospectiva y decir “No me sentía así desde…” fue igualmente en una noche estando en el mismo apartamento en Quinta Crespo; y curiosamente tenía que ver con un personaje de aquel recuerdo, que aún permanece como uno de los grandes fantasmas de mi memoria.