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jueves, 25 de julio de 2024

Historia de dos ciudades

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El 25 de julio cumplen años Caracas y Cali. La primera, la ciudad donde nací y crecí. La segunda, la ciudad que me ha acogido en mi extraña experiencia de retorno y migración. Ambas fueron bautizadas en el nombre de el apóstol Santiago, cuya festividad se celebra el 25 de julio por igual.

Normalmente tiendo a celebrar a ambas ciudades, ya que en Caracas está mi historia personal y en Cali he venido a aprender el valor de la autonomía y el trabajo en la soledad del destino migratorio. No obstante, me pasa que al ver imágenes de Caracas me doy cuenta de una realidad tan espantosa como inevitable: de reconocer muchos de sus sectores, he pasado a desconocer partes enteras de mi ciudad.

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Pasó específicamente con una foto que mostraba parte de la ciudad que luce como una pendiente, con su inconfundible mezcla de barriada popular circundada por escalinatas de concreto y edificios modernistas en el medio del oeste caraqueño.

Creo que he pasado por esa calle, es la calle donde en mi infancia asistí al velorio de un cliente de La Caleñita, el restaurante de mis papás ubicado en la Avenida Baralt. El cliente en cuestión era El Carnicero, personaje del que probablemente ni mis padres recordarán su nombre.

El velorio del Carnicero fue concurrido. Toda la calle estaba repleta de carros, motos, personas de todas las edades y gentes de todo el sector. Asumo que muchos habrán sido allegados a él en aquel microcosmos que era la Avenida Baralt.

Aún puedo ver los objetos que adornaban aquella casa humilde: vírgenes, vasos con agua, velones, matas de sábila y rosarios en un altar. También recuerdo mi insistencia en irnos rápido de ahí, por el aburrimiento que me generaban los compromisos adultos y por no recordar al muerto en cuestión.

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“¿Es el Carnicero, no te acuerdas?”.

A duras penas me acordaba del rostro de muchas personas de aquella época. El negocio era un sitio concurrido, lleno de gente de todo el paìs y del mundo entero. Era un microcosmos, con muchas nacionalidades y pocas fronteras.

Mis recuerdos a esa edad eran fugaces, quizá por el universo violento de la capital. Y, en efecto, no recordaba al Carnicero; pero de ahí en adelante cada que pasaba por esa calle pensaba en que yo había ido a un velorio en una casa de esa cuadra, que estuve dentro de una casa de unos desconocidos, siendo un extraño, rindiendo un flojo tributo a un fantasma sin rostro.

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En la foto vi la calle y dudé. “Se parece”, “puede ser, pero no veo la pequeña avenida que la atraviesa”, “no recuerdo esas escaleras ahí, puede que haya cambiado”. O puede que no, que en realidad esa parte de la ciudad, al igual que muchos paisajes del país entero, se encuentre en el olvido y el abandono de nuestra historia nacional.

El mayor cambio podría ser que la geografía del lugar ya no esté repleta por jóvenes o niños, si no por adultos maltratados por la crisis y por el resquebrajamiento de la sociedad que alguna vez fuimos. Y que quizás, en el recuerdo y a la distancia, sigamos siendo.

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Hablaba de eso hacía unos años con una amiga. El tema de conversación giraba en torno a la idea de hacer un mapa con los caminos que recorrí en Caracas, en parte como ejercicio creativo y en parte como guía de la ciudad que viví. De la casa en Quinta Crespo hasta el negocio en la Avenida Baralt, del negocio por la Cota Mil hasta Maripérez y de ahí hasta Plaza Venezuela. Los atajos del oeste, las historias de La Pastora y Lídice, la belleza del Este, los laberintos de San Bernardino y Bello Monte. El camino a la universidad y las casas de las amistades de siempre, las avenidas y los sitios que cambian de nombre, imágenes cuya forma ha mutado, preservando una esencia indescifrable.

He debido hacerme caso, porque ahora confundo el Bulevar de Cali con Sabana Grande en Caracas. El Maní, que nunca conocí, debe ser algo así como la Topa Tolondra, la meca turística de la salsa en Colombia. El Teatro de los Cristales es algo así como la Concha Acústica y la Universidad del Valle es la UCV en versión gótico-tropical.

En Cali, Las Tres Cruces, Cristo Rey y los Farallones hacen el simulacro de un Ávila dinamitado y atomizado. La Avenida de los Cerros es la Cota Mil y el Museo de la Tertulia es como Bellas Artes en pequeña escala. La Torre Cali es una de las torres de Parque Central huérfana de su otra mitad…

Así como los que nacimos y crecimos en ese vórtice de locura, violencia, estilos, artificios y afectos que es Caracas. Como los que seguimos viendo sombras y reflejos de calles y espectros en nuestros nuevos destinos.

miércoles, 15 de abril de 2020

El regreso


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Un vacío sin fondo. Eso lo puso mi maestro. La frase es tenaz, profunda y terrible. Un vacío sin fondo, un problema sin solución, una vida sin sentido. Aunque en este caso el sentido está muy presente y cercano… a la muerte.

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¿Qué sucede con las almas que sueñan despiertas? Con aquellos que añoran tiempos que ya vivieron. La casa materna, la calle de la infancia, los amigos de toda la vida. Todo eso está metido en alguna parte del recuerdo, todo eso ya ha dejado de existir.

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La tierra llama. No es algo racional, no tiene explicación. Las piernas y los brazos se preparan. Las dudas se disipan. El ruido de la puerta que cierra tras de sí da luces de lo que viene a continuación. Necesita volver, así sea a morir.

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El beso de la madre. La llamada del amigo. De noche no puede dormir. Se asoma a la calle, no sabe la dirección donde vive. Son más o menos veinte personas, más o menos veinte como él.  Todos desesperan. Los niños lloran de día, los hombres de noche.

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Mira a la madre de sus hijos. Es su mujer, pero ella es una muchacha más. La encontró en ese país desafortunado. Antes morían de hambre, ahora mueren de tristeza. Todo lo extraña, nada lo llena. Duda si la familia colma sus expectativas. Todo era mejor cuando estaba solo.

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Recuerda todo lo que caminó para llegar a donde está. Sabe lo que es la maldad. La policía lo persiguió, los militares lo robaron. Ha hablado con funcionarios de ambos países y ya sabe cómo funciona todo. El único papel que lleva consigo es la carta de un hermano que está perdido en algún lugar del continente.

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Los días pasan. No hay tiempo que perder. Debe seguir, debe caminar. Volver al inicio, volver al sitio de partida. Regresar, lo que sea, pero debe hacerlo. Sabe que el fin se acerca. Lo siente en sus entrañas, lo siente cuando en sus sueños ve edificios desmoronarse, desplomarse ante él. Una caída sin fin. Esa era la pesadilla de su niñez, el peor de sus temores. Ahora es su vida, ahora es ese tránsito que muta entre la esperanza y el malestar, entre el sueño y el terror.  La tierra prometida es ahora tierra arrasada, la pesadilla es ahora realidad.

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El joven sigue escribiendo. La noche se hace eterna. Su espalda hecha añicos, sus ojos revientan. Tiene que seguir, tiene que continuar. Escribir hasta que sangren los dedos, hasta que alguien tome en serio su mensaje. Alguien tendrá que hacerlo, en algún lugar del mundo alguien creerá todo lo que él ha visto. Los miles que deambulan, los miles que marchan al sur. Los cientos de cada esquina, las madres y sus hijos enfermos. La virtud convertida en desecho, la piel es un mapa que delinea el recorrido. Ha visto a todos los de su tierra transitar esos caminos que él conoce a la perfección. La desilusión, el amor, la muerte, la vida, el desespero. Puede distinguir en la muchedumbre la inocencia de los menores, el cansancio de los mayores. No desfallecen, siguen. Seguirán. Lo escribe, no lo olvida. Nunca. Jamás.

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Me tiro a la calle
a caminar esta tristeza
,

quiero perderla entre la gente…
Atravesando soledades
.

domingo, 30 de septiembre de 2018

El arte.


*

El arte por sí solo no es arte, es monólogo. Aunque haya monólogos artísticos que intentan comunicar algo, el arte por sí solo no comunica nada. El arte siempre está expuesto a unos ojos, a unos oídos, a unas sensibilidades. Los ojos, los oídos y las sensibilidades interpretan, digieren al arte. Y el arte, a su vez, puede digerir y escupir a estos ojos, a estos oídos, a estas sensibilidades. El arte que comunica es arte. El arte que no dialoga, no es arte.

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El arte debe comunicar, debe rebajar su ego. El arte debe ser apreciable para todos. No puede haber un arte estrictamente para artistas. Si hay arte para artistas, no hay en realidad arte ni hay en realidad artistas. El arte comunica en cuanto que se enmarca en dinámicas múltiples. De la multiplicidad se nutre, de la multiplicidad vive. El arte que se niegue a trabajar con lo múltiple, no es arte.

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El arte se debe a su autor. El arte que se deba a una industria no es arte, es servicio público. El que quiera que el arte satisfaga todas sus demandas no busca arte, busca una vida imposible. El que quiera que el arte cumpla sus expectativas, no busca arte. El que cree que tiene derecho sobre la obra se equivoca: la historia le antecede, la obra le empequeñece.

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El arte es común. El arte no es cuestión de apellidos, el arte no es cuestión de consagraciones. El que elija el camino del arte por cuestiones de moda, elige el camino equivocado. El arte es miseria, belleza y agravios. La miseria, pues no supone riqueza. Belleza, pues busca lo excepcional. Agravios, pues transgrede los límites de lo normal. Y, sin embargo, vive por y para lo normal. Quien busque en el arte algo diferente de lo que le entrega la vida, no busca arte; busca redención.

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El arte no es conocimiento instrumental. El arte no es sabiduría. El arte es expresión, el arte es manifestación. Sólo a través de su exposición el arte puede llegar a ser arte. La obra así se mantiene siempre abierta, siempre dispuesta al dialogo, al empequeñecimiento y al fracaso. El arte que no se planteé el fracaso seriamente, no es arte. Toda forma de existencia humana tiene ahí sus límites, tiene ahí sus fronteras.

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El arte no es eterno. Todo arte está condenado al tiempo, todo arte está condenado a desaparecer. Todos estamos condenados al tiempo… y a desaparecer.

domingo, 9 de septiembre de 2018

El éxodo venezolano (como oportunidad).


La International Organization for Migration ha publicado recientemente cifras sobre la llegada inmigrantes al conteniente europeo durante el periodo comprendido entre los años 2015 y 2018. Casi un millón setecientos mil inmigrantes han llegado a Europa durante los últimos tres años, teniendo el pico de mayor ingreso el año 2015, año que está marcado por la crisis de los refugiados en Europa[1].

Bien recordamos las secuelas de esta crisis migratoria. Varios países de Europa cerraron sus fronteras[2], otros se rehusaron a tomar cartas sobre el asunto. La comunidad internacional en general se volcó de cara a la resolución de la crisis migratoria en aquel entonces. La exigencia de soluciones era incesante, la indiferencia de ciertos sectores fue tenaz. Gobiernos nacionalistas se aprovecharon de la situación y tras este triste episodio se vio una crisis de institucionalidad sin precedentes en el marco de la Unión Europea[3].

Hoy en día la crisis ha tomado un nuevo rumbo. Sin embargo las secuelas aún siguen vivas[4]. Ha sido difícil para el mundo occidental entenderlo, pero el movimiento es un rasgo casi ontológico de nuestra existencia, una cuestión propia del ser humano. Poner barreras no detendrá el andar de las personas, recurrir al discurso racial no resolverá nada si, primero, no se entiende el anacronismo contenido en dicha forma de interpretar la realidad y, segundo, si no se resuelven ni se comprenden los problemas de fondo que obligan a las personas a salir de sus sitios de origen.

Hacemos eco de este contexto para ilustrar el éxodo de venezolanos que actualmente ha puesto en alerta a los gobiernos y a los ciudadanos de América Latina[5]. Las cifras más optimistas vaticinan que más de dos millones de venezolanos han salido del país durante los últimos cuatros años[6]. Otras arrojan un total aterrador de casi cuatro millones de venezolanos abandonando su país durante el mismo periodo[7]. Hablamos en ambos casos de una desbandada, de una crisis migratoria inédita en la historia de nuestra región.

Para éste año tan sólo en Ecuador han entrado cerca de quinientos cincuenta mil venezolanos[8]. Y así como entran en Ecuador, también entran a Perú, Chile, Uruguay, Argentina y Brasil. Es, sin lugar a duda, una crisis humanitaria[9]. Las condiciones internas del país empujan a todos sus ciudadanos a buscar su futuro en otras latitudes.

El caso de los venezolanos entrando a territorio colombiano ha sido significativo. Al ser uno de los países que cuenta con fronteras terrestres transitables con Venezuela, Colombia se ha convertido en el sitio predilecto al cual recurren las personas que salen de Venezuela, bien sea de paso o bien sea para establecerse. Momentáneamente no hay cifras que hablen del número total de venezolanos que han entrado a territorio colombiano. Sin embargo, en el caso de Cali, capital del Valle del Cauca, se estima que entran cuatrocientos venezolanos al día[10]. Un censo nacional realizado en el primer semestre del año indicaba que había un total de dieciséis mil venezolanos tan solo en el Valle del Cauca[11].

Son cifras que hablan de una situación que, si no es bien atendida, puede devenir en un ambiente tenso dentro de territorio tanto colombiano como de los distintos países a los que llegan los venezolanos. Ya se han registrado situaciones de xenofobia en la región[12], y los gobiernos no pueden permanecer silentes e indiferentes ante una crisis que tendrá inevitables consecuencias dentro de las economías y tejidos sociales de cada país.

Ese es el panorama en un plano muy cuantitativo. Ahora bien, en el plano cualitativo la situación puede ser abordada desde distintas vertientes. Bien sea las historias de las personas que salen, las circunstancias que las empujan a tomar tal decisión, las vidas y los seres queridos que dejan, entre otros. A nosotros nos interesa resaltar la oportunidad que significa todo el proceso migratorio venezolano tanto para Venezuela como para Colombia.

Resulta un lugar común interpretar las crisis como ventanas de oportunidad, como procesos donde puede haber ganancia a pesar de la adversidad. Si bien la situación no tiene una solución posible ni a corto ni mediano plazo, es necesario apuntar que el escenario de por sí cuenta con rasgos inéditos. No sólo por la suma de seres humanos que sale, ni por las cifras ni indicadores que envuelven la crisis venezolana. Lo inédito en este caso se encuentra en un plano más cultural, más propio de las sensibilidades.

En primera instancia por el carácter del pueblo venezolano, el cual durante su historia moderna fue influenciado por las distintas nacionalidades que llegaron a Venezuela. No solo colombianos, sino también españoles, portugueses, italianos, chilenos, peruanos, ecuatorianos, sirios, libaneses y demás. La situación económica del Estado venezolano era favorable, cualquier persona del mundo consideraba atractiva la idea de ir y hacer una vida en Venezuela. Es decir, Venezuela fue un país que armonizó con el extranjero, un país abierto en el cual la convivencia con lo diferente era lo normal.

Distinto caso es el del pueblo colombiano. Por lo que se puede saber fueron pocos los extranjeros que llegaron a territorio colombiano en el siglo XX. Son reducidos los círculos de las familias descendientes de extranjeros que pudieron haber hecho una contribución significativa a la cultura colombiana. A la inversa, Colombia fue un país que empujaba a sus ciudadanos a buscar su vida en otros lugares. La guerra, el conflicto armado y la pobreza han sido razones suficientes como para que los colombianos hayan decidido esparcirse en todo el mundo. Por lo tanto, el colombiano estaba acostumbrado a salir de su país, a ser recibido y no a recibir.

Estas características del pueblo colombiano contrastan considerablemente con el devenir del pueblo venezolano, el cual nunca estuvo acostumbrado a salir de su país. Los mayores movimientos migratorios en Venezuela se producían a lo interno del propio territorio nacional. Los venezolanos recibían, sí, pero jamás fueron recibidos pues nunca se lo plantearon, nunca lo necesitaron.

Ésta es la oportunidad a la que nos referimos. La oportunidad de los venezolanos de aprender (y aprehender) de las culturas a las que están llegando, y la oportunidad de los colombianos de conocerse a sí mismos a través de la recepción de los venezolanos que llegan a territorio nacional. No quiere decir esto que ninguna de las dos nacionalidades no aprendiera nada de sus experiencias anteriores al éxodo venezolano. La diversidad de las culturas que han llegado a Venezuela ha prefigurado y formado parte de la identidad cultural de todos los sectores de la sociedad, similar a la formación y configuración que ha tenido la identidad del colombiano a través de su llegada a otras latitudes.

Lo importante en este sentido es hacer provechoso el éxodo venezolano. Supone ésta una situación inédita para cada país, una situación en la que se ponen en juego los prejuicios e interpretaciones de cada nacionalidad, donde se cuestionen los límites de cada forma de entenderse con la vida. Las historias y tradiciones de ambas naciones se encuentran problematizadas gracias al movimiento migratorio actual. La interpretación de un mundo que se ve desarraigado entra en relación con la interpretación de un mundo que ve como novedad el encuentro con lo diferente, con lo desconocido.

Por un lado los venezolanos podrán apreciar positivamente las dificultades que se presentan normalmente en los movimientos migratorios, pues así podrán ponerse en el lugar de las distintas personas que en el pasado eligieron a Venezuela como destino. Podrán comprender de primera mano las razones y motivaciones de aquellos que en su momento también eligieron la vida del inmigrante. Los colombianos por su parte podrán brindar el apoyo que en su momento los mismos colombianos recibieron en el exterior. Podrán medir y perfeccionar su apertura hacia lo diferente, hacia lo que no les es propio. Podrán, en definitiva, desenvolverse en un escenario complejo del cual pueden aprender mucho sobre lo distinto y demasiado sobre sí mismos.

Al respecto no podemos olvidar que las condiciones del éxodo son bastante particulares. Jamás la región vivió un movimiento de personas de tal magnitud, jamás se vio en la América Latina moderna a una nación entera huir de unas condiciones de vida tan lamentables. Sin embargo, y a pesar de esto, la oportunidad prevalece.

Las dificultades no faltarán. La probabilidad indica que el movimiento de personas continuará y aumentará en la medida que la dictadura venezolana continúe en el poder. Los gobiernos de la región deben ser receptivos y aprender de la experiencia europea del año 2015. Fomentar la xenofobia no es una solución, sobre todo cuando el discurso que recurre al nacionalismo solo puede colaborar a empeorar la situación. Cerrar las fronteras sólo hará que las vías alternas se hagan de uso común, permitiendo así que vayan en aumento la trata de personas, el pago de vacunas y demás delitos que puedan perjudicar a los inmigrantes.

La solución a nuestro entender es ayudar a los que llegan. Saber hacer productivo el éxodo venezolano pasa por tener una gran sensibilidad y un alto sentido de responsabilidad. Son familias enteras las que dejan toda una vida a sus espaldas, son personas que sufren y padecen una situación crítica. Sea como fuera, se presenta una circunstancia nunca antes vista para ambos países y es necesario fomentar el sentido de oportunidad que esto representa para ambas naciones.

Qué pueden aprender los venezolanos de los colombianos y viceversa. Qué clase de elementos del mundo de vida venezolano pueden nutrir la concepción tradicionalista de los colombianos. Cuál ha sido la historia de Colombia, cómo puede ella ser un aprendizaje para los venezolanos. Qué pueden aprender ambos gentilicios de sus respectivos movimientos migratorios. Son varios los elementos que se ponen en discusión y que seguramente significarán una nueva manera de ver y de entender la relación entre ambos países.

Es una circunstancia que bien puede representar tanto un saldo positivo como un saldo negativo en el que se defrauden y decepcionen las expectativas de cada uno de los involucrados. No obstante, bien conviene rescatar el pensamiento que asume a la decepción como el sitio privilegiado en el que se genera un verdadero aprendizaje de la vida. Es decir, el sitio donde se hace una verdadera experiencia, el sitio en el cual se ensancha las limitaciones de nuestras concepciones de mundo, en el que en definitiva se aprende algo.

Quedará en la historia el camino recorrido por ambas naciones, las cuales, al ritmo que van las cosas, volverán a verse enredadas, mezcladas y hermanadas. Como siempre lo han sido y como siempre lo han debido ser.


[1]  No habría crisis de refugiados en Europa sin una crisis en Siria. Este éxodo no es más que la última etapa de un viaje más largo. Algunas personas huyen de las bombas que están cayendo en Siria; otras, de la desesperanza que suponen los campos de refugiados en la región.” En: https://elpais.com/cultura/2016/05/06/actualidad/1462528802_008032.html
[2]El cierre parcial de las fronteras reunirá a enormes grupos de personas desesperadas a lo largo del corredor de los Balcanes por donde han pasado cientos de miles de personas rumbo a países de la UE más prominentes, particularmente Alemania. Aunque los sirios son el mayor grupo entre quienes buscan asilo, cientos de miles de personas que huyen de la pobreza, como paquistaníes, bangladesíes y ceilaneses, también se han unido.” En: https://www.nacion.com/el-mundo/terrorismo/cuatro-paises-de-europa-cierran-frontera-a-migrantes-economicos/T4J4OUWIAJEPPLZWXXNS7G52QA/story/
[3]De acuerdo sobre la necesidad de reforzar las fronteras exteriores de la UE, los miembros del bloque siguen enfrentados sobre la responsabilidad de cada uno acerca de la forma de acoger a los miles de migrantes que intentan llegar a Europa como a quienes ya se encuentran en el continente.” En: https://www.elsoldemexico.com.mx/mundo/minicumbre-fracasa-europa-sigue-dividida-por-crisis-de-refugiados-1789615.html
[4]Para un continente con unos 500 millones de ciudadanos de la Unión Europa, el número de inmigrantes que tocan a su puerta no debería ser un problema: hasta el mes de junio, habían llegado este año unas 33.00 personas, menos de la mitad que en 2017. Grecia es el país que más refugiados acoge en relación con su población. La mayoría de los refugiados llega a España, seguida por Italia. Sin embargo, en casi todos los países de la Unión Europa, los populistas de derecha desempeñan un papel importante en la política. En algunos países también forman parte del gobierno. Su ascenso se debe en gran parte al miedo a lo extranjero.” En: https://www.dw.com/es/por-qu%C3%A9-la-ue-no-encuentra-soluci%C3%B3n-a-la-crisis-migratoria/a-44422932
[5]La crisis humanitaria desatada por la llegada de más de 4.000 venezolanos al día llevó a Ecuador a declarar hace dos semanas el Estado de Emergencia. Ahora piden el pasaporte a los venezolanos que quieran ingresar en el territorio, aunque se ha eliminado este requisito para los menores.” En: http://es.euronews.com/2018/08/20/la-crisis-migratoria-de-venezuela-pone-en-alerta-a-sus-vecinos
[6]La cifra de 2,3 millones es una estimación hecha por la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) a junio de 2018, aunque Naciones Unidas no precisó la fecha de inicio del cálculo.” En: http://www.elcolombiano.com/internacional/venezuela/onu-2-3-venezolanos-han-dejado-el-pais-por-la-crisis-EF9160521
[7] Según una encuesta realizada por Consultores 21 S.A. entre noviembre y diciembre del año pasado, cuyos resultados fueron divulgados hoy en las redes sociales de esta empresa, en 29% de los hogares venezolanos han emigrado, en promedio, 1,97 miembros del núcleo familiar en los últimos años; considerando que en Venezuela hay 7,2 millones de hogares, según las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, son al menos 4 millones los ciudadanos que se han ido del país.” En: http://www.noticierodigital.com/2018/01/consultores-21-4-millones-venezolanos-emigrado-los-ultimos-anos/
[8]Un total de 547.000 venezolanos llegaron a Ecuador en lo que va de año escapando de la crisis que vive su país, informó hoy (10.08.2018) el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), que anunció más ayudas para el país anfitrión. "El éxodo de venezolanos desde su país es uno de los mayores movimientos masivos de población de la historia", señaló el portavoz Wiliam Spindler en una rueda de prensa en Ginebra.” En: https://www.dw.com/es/ecuador-recibe-casi-547000-refugiados-de-venezuela-en-2018-seg%C3%BAn-acnur/a-45041329  
[9]Hasta ahora, las personas están desesperadas por salir de Venezuela principalmente por el colapso económico, la hiperinflación; la gente pasa hambre, no tiene trabajo y se ven forzados a emigrar en busca de necesidades básicas.” En: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45291398
[10] De acuerdo con la Policía Metropolitana de Cali, cada día ingresan cerca de 400 venezolanos a la ciudad. Si bien no se sabe cuántos de ellos la usan como un punto intermedio para seguir su camino hacia otros lugares de Suramérica, es claro que una gran cantidad se queda. Verlos en los semáforos pidiendo ayuda económica con carteles que cuentan sus historias se ha convertido en una escena común.” En: https://www.publimetro.co/co/cali/2018/08/23/venezolanos-en-cali.html
[11]En el Valle del Cauca se registraron 16.752 venezolanos, siendo el noveno departamento que más ha acogido a esta población.” En: https://www.elpais.com.co/colombia/mas-de-16-000-venezolanos-se-censaron-en-cali-y-el-valle-del-cauca.html
[12]El pueblo brasileño de Pacaraima, en la frontera con Venezuela, vivió momentos de tensión este sábado con un enfrentamiento entre vecinos e inmigrantes venezolanos, cuyos campamentos improvisados fueron destruidos e incendiados. El tumulto comenzó por la mañana, después de que un comerciante local resultara herido en la madrugada del viernes y sus familiares responsabilizaran a los venezolanos, que en el último año han intensificado su presencia en el pequeño municipio, de apenas 12.000 habitantes. En los enfrentamientos, tres brasileños resultaron heridos, según informó un portavoz de la Policía Militar, y no hubo detenidos. No hay informaciones sobre los venezolanos, muchos de los cuales, según imágenes divulgadas por habitantes de la ciudad, cruzaron la frontera de vuelta a su país.” En : https://elpais.com/internacional/2018/08/19/actualidad/1534664679_355249.html

domingo, 1 de abril de 2018

La estética de la incongruencia.


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No hace mucho tiempo estuve en un seminario. El mismo giraba en torno a la comprensión del fenómeno del racismo y la posibilidad de superarlo a través de la representación artística. La verdad es que el seminario fue bastante entretenido. Vimos videos musicales, escenas de una película estadounidense, leímos literatura infantil, entre otras exposiciones artísticas y culturales.

Los que me conocen saben que llevo algunos meses en Colombia, los que me conocen aún más saben que ese tiempo ha transcurrido en el Valle del Cauca. Una de las particularidades de la zona en la que me encuentro es el tema étnico[1]. La preponderancia y la separación estratificada de la sociedad entre indígenas, comunidades afros, mestizos y demás es algo que, al menos en mi burbuja caraqueña, nunca había visto en toda su complejidad.

Comento esto con doble intención: en primer lugar, revelar un ambiente de tensiones en el que el pensamiento sobre lo social pudiese tener muchísimo terreno, más aún en un país en pleno proceso de paz[2]. El tema me interesa, no para tomarlo como línea de investigación sino para ver las raíces de la cultura en la que me he desenvuelto en mi condición de hijo de colombianos. Dicho eso, y con esto empalmo mi segunda intención, he encontrado que mi interés no es compartido por las personas con las que me he rodeado. Con quienes he podido comentar la cuestión de manera holgada, y más allá de mis limitaciones al respecto, ha sido justamente con algunos compañeros de las etnias indígenas del Cauca. De resto, he percibido un desinterés muy particular.

La falta de interés la pude evidenciar justamente en el seminario al que asistí. Los ejemplos bajo los cuales evaluábamos el tema giraban en torno a reflexionar sobre la música pop estadounidense, la complejización de las actuaciones cinematográficas de Oprah Winfrey, entre otros. Al menos desde el ámbito académico no parecía una forma adecuada de atender el tema racial (si es que al menos ese fuese el propósito real). Y sí, el arte y la expresión artística globalizada cumplen como elementos justos y necesarios para la discusión; sin embargo, no deja de llamar la atención que en un seminario sobre racismo se saltara tan olímpicamente el tema sobre los grupos étnicos de Colombia y su situación en la actualidad.

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Llama la atención, pero no sorprende. La verdad sea dicha, esa misma tendencia la viví durante mis años de estudio en Venezuela. Aún cuando la sistemática violación de derechos humanos, la hiperinflación y la hambruna no habían ocupado seriamente nuestras mentes, aún cuando pensábamos que el sistema político pudiese ser flexible, aún cuando pensábamos que la posibilidad de una convivencia pacífica era “real”, muchos de los intereses teóricos y reales de las personas iban en contravía a lo que sucedía a nuestro alrededor.

En las ciencias sociales venezolanas, por ejemplo, podemos ver camadas de sociólogos expertos en temas que afectaban realidades ajenas a la nuestra. Especialistas de lo que sucedía en España, en Wall Street y la Franja de Gaza,  analistas en lecturas geopolíticas anti-sistémicas e indignadas que nunca pudieron ni quisieron visibilizar los entramados de corrupción del Estado venezolano. Muchos construyeron su objeto de estudio a partir de la fantasía, el fanatismo y la evasión. Ignoraban por conveniencia los ademanes y arbitrariedades del régimen.

Así, nuestros esfuerzos teóricos fueron encaminados a desentramar temas tales como la crítica de la sociedad capitalista, el proceso de reflexión decolonial de los últimos años, la teorización de la democracia como espacio del disenso, uno que otro retazo nietzscheano, pliegos posmodernos de izquierda y una que otra cosa rara, como por ejemplo el ecosocialismo o algo así como una lectura cercana al anarco-comunismo (cosa que aún sigo sin descifrar).

Sin embargo, y antes de que se me acuse de ser censor de la producción de conocimiento, no podemos soslayar ningún esfuerzo que se haga desde el pensamiento. Todo lo proveniente del adecuado trabajo de comprensión e interpretación de las realidades que vivimos debe ser rescatado, estudiado y puesto sobre evaluación crítica. Se puede hacer básicamente sociología sobre cualquier cosa, es una de las bondades de nuestra disciplina y de eso estamos al tanto.

De quiénes hablo en específico es de los interesados en la libertad y la justicia social, resoluciones de conflictos, situaciones de tensión social, defensa de derechos humanos y de autodeterminación, entre otras vertientes que se encargan de mirar problemas que lindan con los terrenos de la política, la economía, la historia, el derecho internacional y demás disciplinas que atañen al campo de lo público, lo comunitario y lo global.

Similar al caso del seminario de racismo al que asistí, muchas veces se puede observar en la lectura hegemónica que se forman a propósito de esos intereses que, cuando se intenta teorizar al respecto, se opera bajo la lógica de desvirtuar la realidad. Y antes de que se me acuse de viejo lector marxista, hago la aclaración: desvirtuar la realidad es no hacerle justicia a la vida en sus amplias dimensiones. Faltar a la verdad, en beneficio de una manipulación, es también desvirtuar la realidad.

Algunos ejemplos propios del caso colombiano podrían ser los siguientes: desvirtúa la realidad aquel que acusa a las etnias indígenas de fomentar la guerra en Colombia, así como desvirtúa la realidad el que asume que la lucha de la guerrilla nunca estuvo ligada con el narcotráfico, lo mismo que el que sigue sin identificar a los carteles de la droga, la mano invisible del paramilitarismo y al conservadurismo como los pilares que aún se benefician de la sangrienta disputa[3]. Para el caso venezolano serviría lo siguiente: desvirtúa la realidad quien habla de castrochavismo y no de socialismo real, desvirtúa la realidad quien resume los problemas del venezolano al rentismo petrolero. En ese sentido, desvirtuar la realidad es ser injusto con las vidas que analizamos. Y como de la vida y de lo humano, lo verdaderamente concreto, están llenos nuestros análisis, esto nos pone en un grave problema.

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Dicha injusticia deviene en un casi conveniente olvido de los demás factores que están en juego. Zonas olvidadas, amnesia selectiva, todo sobre la marcha en un proceso que pone las coordenadas de comprensión y entendimiento en lugares y discursos alterados o equivocados. Todo esto puede tener una doble causalidad: o la lectura equivocada o pasada de época por parte de quién investiga –producto a veces de las limitaciones de nuestra interpretación de la realidad– o el deliberado y planificado sostenimiento de la injusticia –producto, muchas veces, de intereses que se ocultan a nuestros ojos.

Que una persona haga una lectura equivocada de la realidad es algo que siempre sucede, el universo de complejidad y ebullición social hacen que todo sea sujeto a la prueba del tiempo, de los argumentos, de la pertinencia, entre otros. Nadie se salva de ese proceso, lo que hoy hagamos terminará en un simple testimonio de nuestro atino o nuestro desvarío. Al escribir sobre la sociedad estamos sujetos a esa doble hermenéutica de la que nos hablaba Anthony Giddens[4], que no es otra cosa que la lectura crítica que hacen los otros al respecto de nuestras elaboraciones teóricas, bien sea en beneficio de la verdad o la fundamentación ética de nuestras disciplinas. Sea como sea, nadie tiene la totalidad de la verdad del mundo como para plasmar un tratado que haga plena justicia a la vida que transcurre. Siempre habrán limitantes, de lo contrario no quedaría nada que reflexionar, nada que pensar, todo estaría ya formulado, ya esquematizado y elaborado para nosotros. Nuestra finitud es en ese sentido una bendición.

Dicho esto, vale la pena evaluar el otro caso. El deliberado y planificado sostenimiento de la injusticia no significa otra cosa más que la continua tergiversación de la realidad en beneficio de ciertos intereses. Ya lo hemos abordado someramente en otro escrito[5]. Se trata de esa interpretación que en lugar de utilizar el lenguaje para hacer justicia a las realidades que vivimos, lo que hace es sobre-complejizar lo comprendido, sea para confundir, sea para alterar el curso de las cosas, para relativizar los imperativos éticos en discusiones sobre lo público, o simplemente para justificar la continua pauperización de la vida y lo humano.

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La manipulación es el fin último, y entre eso y la simple e inocente finitud de nuestra interpretación sobre las cosas hay una larga y desoladora distancia. Cuando pienso en ese tipo de manipulaciones pienso en colegas que, siendo supuestos simpatizantes del feminismo y del movimiento LGTBI, apoyaron al gobierno de Venezuela, haciendo caso omiso a la notable y ya documentada homofobia oficialista[6]. En ese sentido, la radicalización de la teoría (que por suerte no significó la claudicación de las personas que en un impulso ajeno al poder siguieron y siguen formulando reflexiones necesarias al respecto) sirvió como chantaje para denunciar una cierta noción del occidente contemporáneo, noción que por cierto no se encontraba del todo en Venezuela[7]. Reflexión sobre lo inexistente, todo en aras de ubicarnos en problemas importantes pero sobredimensionados dadas las características. Era más sencillo, entonces, hablar sobre otras cosas, mirar hacia otro lugar, mientras nuestro país se caía en mil pedazos.

Así tenemos expertos sobre Foucault y su discusión en torno a la cárcel que desaparecieron al hacerse público el abrumador poder que ejerce el pranato[8] sobre la vida de los ciudadanos. También tenemos expertos en decolonialismo e indigenismo, defensores de la autodeterminación del gobierno de Nicolás Maduro, que callan ante la situación de los pueblos indígenas víctimas del gran negocio de supervivencia geopolítica que es el Arco Minero del Orinoco[9]. Haciéndose pasar por una suerte de posmodernidad negativa, algunas interpretaciones se montaron sobre la ola del anti-occidentalismo más contemporáneo tan sólo para retomar las banderas de algunas ortodoxias olvidadas.

Se podría hablar incluso de una estética de la incongruencia, una de las actitudes que sustenta esta desvirtuación de la realidad. Se trata de ese espíritu que consagra al discurso situado en otras latitudes, olvidando lo propio, omitiendo los errores de sus planteamientos, dejando la coherencia de lado, siempre valiéndose del enredo argumentativo para aglutinar cierto público entorno a la complicidad y la tontería. De esta forma, la estética de la incongruencia se hizo eco en las universidades y ahora encontramos cómo son perfectamente compaginables la democracia radical con el adiestramiento militar, el marxismo-leninismo con el budismo, el feminismo con el radicalismo islámico, el ímpetu ecologista con el avance del neo-estalinismo, la teoría de la liberación con nuestro creciente paramilitarismo endógeno, entre otros. Todo sirve para todo, más allá de que nada de lo que se diga tenga sentido argumentativo lógico: es su finalidad, la confusión y la manipulación son sus victorias personales. La verdad, la transparencia y la coherencia también flaquean en los días que corren. La estética de la incongruencia tiene como finalidad la continua desvirtuación de nuestras vidas.

En ese sentido se podría decir que, de los que se dedicaron a estudiar los conflictos y las tensiones sociales, pocos se dedicaron a la lectura rigurosa de lo que sucedía en el país. Vimos problemas en el capitalismo mundial mientras nuestro gobierno de hipotecaba el futuro de la nación en beneficio del gasto público y la compra de conciencias[10]. Se llegó a ver a la clase media venezolana como un problema por su continua resistencia y escasa voluntad de cohabitación con el chavismo, cuando la violencia de nuestros barrios hacía que nuestro índice de mortalidad fuese similar al de un país guerra[11]. Veíamos enemigos imaginarios en el neoliberalismo mientras la estatización rampante ya iba haciendo estragos en la economía nacional. En fin, los que eran o parecían ser nuevos elementos de la discusión sobre lo político, lo social y lo público devinieron en puntos distractores sobre lo que pasaba en el fondo de nuestra sociedad.

La crisis se vino cocinando a través de los años. Algunos advirtieron los riesgos de mantener una economía de mentira y avizoraron la creciente corrupción; no obstante, muy pocos alertaron sobre la situación de los derechos humanos que comenzaba a ser razón de preocupación internacional[12]. Aún así no pudimos prever la crisis. Irresponsablemente la gran mayoría hizo caso omiso: evadimos todo y miramos hacia otro lugar[13]. No fuimos rigurosos con lo que nos sucedía, la ola vino con toda su fuerza y hoy nos encontramos naufragando en un mar de explicaciones rebuscadas y, en su mayoría, desacertadas.

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No se trata, entonces, de censurar las distintas formas de pensar, por supuesto que no. Siempre será valioso ir a los distintos autores que han nutrido la contemporaneidad en diferentes lugares y circunstancias del mundo. Las diversas posiciones son dignas de la rigurosidad del trabajo crítico en tanto que pongan las cartas sobre la mesa y diluciden claramente de lo que tratan. La transparencia debe ser una constante en ese sentido, no podemos hacer teorías encriptadas ni interpretaciones del todo vale.

A pesar de ello, el ejercicio propuesto es el de discernir lo que puede ser una tendencia que responde al ocultamiento de la verdad y al encubrimiento de la injusticia. Ello puede devenir a la larga en una cuestión de vida o muerte. Creo que muchos de nosotros no dejamos de pensar en qué hubiese sido de Venezuela si hubiésemos prestado atención a quienes ya avizoraban la crisis, qué hubiese sucedido si nos hubiésemos enfocado en los sectores más vulnerables a tiempo y hubiésemos tenido una adecuada lectura de las verdaderas intenciones del régimen. La historia, a lo mejor, hubiese sido otra.
Pero como las ciencias sociales, ni sus allegadas, son cuestiones de superstición ni de buenos deseos, no queda otra opción sino tomar el testigo de las calamidades del mundo para así hacer el mínimo de esfuerzo de prever el surgimiento de situaciones críticas como la nuestra. En ese sentido vale la pena siempre rescatar lo que congrega por encima de lo que divide. Y lo que congrega debe hablar sobre lo común, sobre lo que vincula a los unos con los otros, sobre lo tangible y lo concreto.

Rescatar lo que congrega y lo propio problematiza la relación  de la interpretación (como conjetura de la realidad) con las condiciones concretas de las sociedades en las que vivimos. Pienso por ejemplo en el inicio de este escrito: el racismo y la situación de los derechos humanos de las etnias indígenas del Cauca. ¿La respuesta a ese problema se encontrará en la crítica a la cultura de masas? ¿Son los videos musicales y las películas estadounidenses la respuesta a una situación de histórica desigualdad? ¿Podemos abordar el tema sin adentrarnos a las tensiones reales de un país tan diverso? ¿Podemos siquiera concebir con rigurosidad el hablar sobre el racismo en Colombia sin tomar en cuenta que hablar de ello supone una situación de vida o muerte para las personas implicadas? Rescatar lo propio es también problematizar la tendencia de no mirar los problemas de frente. Utilizar categorías rebuscadas e idear entramados comprensivos que sólo sirven para distraer son también formas de desvirtuar la realidad. La estética de la incongruencia es la forma del pensamiento que se fundamenta, deliberadamente, en la imposibilidad de amalgamar las reflexiones del mundo con la vida humanamente concebible. El pensamiento así gestado opera únicamente desde la frivolidad y el engaño.

Como lo demuestra la historia reciente del mundo, lo sencillo es dividir y polarizar la sociedad. Lo complicado, verdaderamente complejo, es la concertación de diversos actores. Hacia ello podría apuntar las reflexiones sobre lo venezolano, colombiano y latinoamericano en general.
Esperemos que el tiempo y el pensamiento perdido por los unos sea el ejemplo necesario para los otros en sus intenciones de reconciliación. No perdamos más vidas por la injusta y arbitraria interpretación de la realidad. Por favor y gracias.



[1] “(…) la zona norte de Cauca que fue considerado el vórtice de la guerra contrainsurgente, hoy padece varios de los temores planteados ante un eventual proceso de paz con las Farc y con un ingrediente adicional: justo en ese territorio se concentran las dos minorías étnicas (indígenas y negros) que representan el 40 por ciento de toda la población caucana.” En: http://www.semana.com/nacion/articulo/asesinatos-y-amenazas-contra-lideres-sociales-guerrilleros-y-sus-familias-en-el-cauca/531976
[4] “Podemos aceptar que, lo mismo que en las ciencias naturales, en la sociología no hay observaciones o “datos” exentos de teoría; que  un esquema de “falsacionismo refinado” ofrece una aproximación inicial (pero no del todo adecuada) a los problemas de la verificabilidad; y que la aprehensión de una perspectiva teórica importante, o la medición entre tales perspectivas, prescindiendo de que se reserve el término “paradigma” a las ciencias naturales o se proceda de otro modo, son tareas hermenéuticas. Más allá de esto tenemos que abordar una serie de cuestiones que nacen de las profundas diferencias que separan las ciencias sociales de las naturales. La sociología, a diferencia de la ciencia natural, está en una relación de sujeto-sujeto con su “campo de estudio”; no en una relación de sujeto-objeto; se ocupa de un mundo preinterpretado, donde los sentidos elaborados por sujetos activos entran prácticamente en la constitución o producción real de ese mundo; por consiguiente, la construcción de la teoría social implica una hermenéutica doble que no tiene paralelo en ninguna parte…”. Giddens, A. 2012: Las nuevas reglas del método sociológico: Crítica positiva a de las sociologías comprensivas, páginas 187-188, Amorrortu Editores, Argentina.
[7] El dominio de la consigna anti-patriarcal, pasando muy por alto los estudios sobre matricentralidad y matrisocialidad desarrollados por autores como Alejandro Moreno O. y Samuel Hurtado, es elocuente. No hablamos de la inexistencia del patriarcado como genuina preocupación feminista; por el contrario, de ahí nacen parte de nuestras perspectivas al respecto de la familia popular venezolana, pues sin machismo es imposible pensar la dinámica de nuestra institución familiar. No obstante, es notorio que la interpretación feminista venezolana dominante de los últimos años evada este tema tan propio de nuestra identidad cultural. Este olvido, dentro de nuestra polarización política, no es azaroso: habla de la dinámica de los últimos años en la academia venezolana. Lo que venía de la oposición al pensamiento oficial era irrelevante, lo que no convenía a los fines retóricos de la revolución no debía ser ni ser mencionado. Sucedió en el feminismo, en la teoría económica, el discurso sobre la democracia y demás. En ese sentido, la polarización pareció  ser la piedra angular de nuestra propia versión de lo que hoy conocemos como posverdad, tema tan de moda en la actualidad que dice tanto y no dice nada a la vez.
[10]El epicentro del temblor está en la administración de Hugo Chávez y, desde 2013 de Nicolás Maduro, caracterizada por un incesante incremento del gasto como vía para mejorar la calidad de vida y alcanzar respaldo político a través de aumentos de salario, becas, expansión en el número de trabajadores públicos, pensionados y costosos subsidios.” En: http://www.eluniversal.com/economia/140622/el-descontrol-del-gasto-publico-evapora-el-valor-del-bolivar
[11]Los índices de muertes en episodios de violencia en Honduras (90,2 muertes violentas por cada 100.000 habitantes) y Venezuela (72,2) situaron a estos países en 2012 -año de referencia que se usa en el informe del PNUD- sólo por detrás de Siria, donde una guerra civil estalló el año anterior (2011).” En: http://www.eluniversal.com/noticias/politica/venezuela-esta-entre-los-paises-con-mayor-tasa-muertes-violentas_64443
[12] El caso de la jueza María Lourdes Afiuni es emblemático. El ruido, ya casi olvidado, alrededor de su injusto encarcelamiento fue denunciado incluso por el intelectual estadounidense Noam Chomsky, quien en su momento mostrara simpatías por el gobierno venezolano y luego se deslindara a causa de este hecho. En: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/12/111221_venezuela_jueza_afiuni_carta_chomsky_chavez_jp
[13] “Yo he preferido los dólares de CADIVI a que haya competencia económica: transigimos, y en esa transacción entregamos la libertad pero no obtuvimos ningún desarrollo. Y, en última instancia, de lo que se trata es que sólo la justicia va a ser posible donde hay libertad; pues el desarrollo del individuo está atado a su libertad y el individuo sólo puede ser responsable allí donde tiene libertad”. En: http://www.noticierodigital.com/2017/03/guillermo-tell-aveledo-es-un-espejismo-pensar-que-podemos-tener-desarrollo-sin-libertad/