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domingo, 25 de marzo de 2018

Bolaño, R. (2004): 2666, páginas 161-162-163-164, Editorial Anagrama, España.

“–En realidad no sé cómo explicarlo –dijo Amalfitano–. La relación con el poder de los intelectuales mexicanos viene de lejos. No digo que todos sean así. Hay excepciones notables. Tampoco digo que los que se entregan lo hagan de mala fe. Ni siquiera que esa entrega sea una entrega en toda regla. Digamos que sólo es un empleo. Pero es un empleo con el Estado. En Europa los intelectuales trabajan en editoriales o en la prensa o los mantienen sus mujeres o sus padres tienen buena posición y les dan una mensualidad o son obreros y delincuentes y viven honestamente de sus trabajos. En México, y puede que el ejemplo sea extensible a toda Latinoamérica, salvo Argentina, los intelectuales trabajan para el Estado. Esto era así con el PRI y sigue siendo así con el PAN. El intelectual, por su parte, puede ser un fervoroso defensor del Estado o un crítico del Estado. Al Estado no le importa. El Estado lo alimenta y lo observa en silencia. Con su enorme cohorte de escritores más bien inútiles, el Estado hace algo. ¿Qué? Exorciza demonios, cambia o al menos intenta influir en el tiempo mexicano. Añade capas de cal a un hoyo que nadie sabe si existe o no existe. Por supuesto, esto no siempre es así. Un intelectual puede trabajar en la universidad o, mejor, irse a trabajar en una universidad norteamericana, cuyos departamentos de literatura son tan malos como los de las universidades mexicanas, pero esto no lo pone a salvo de recibir una llamada telefónica a altas horas de la noche y que alguien que habla en nombre del Estado le ofrezca un trabajo mejor, un empleo mejor remunerado, algo que el intelectual cree que se merece, y los intelectuales siempre creen que se merecen algo más. Esta mecánica, de alguna manera, desoreja a los escritores mexicanos. Los vuelve locos. Algunos, por ejemplo, se ponen a traducir poesía japonesa sin saber japonés y otros, ya de plano, se dedican a la bebida. (...) La literatura en México es como un jardín de infancia, una guardería, un kindergarten, un parvulario, no sé si lo podéis entender. El clima es bueno, hace sol, uno puede salir de casa y sentarse en un parque y abrir un libro de Valéry, tal vez el escritor más leído por los escritores mexicanos, y luego acercarse a casa de los amigos y hablar. Tu sombra, sin embargo, ya no te sigue. En algún momento te ha abandonado silenciosamente. Tú haces como que no te das cuenta, pero sí te has dado cuenta, tu jodida sombra ya no va contigo, pero, bueno, eso puede explicarse de muchas formas, la posición del sol, el grado de inconsciencia que el sol provoca en las cabezas sin sombrero, la cantidad de alcohol ingerida, el movimiento como de tanques subterráneos del dolor, el miedo a cosas más contingentes, una enfermedad que se insinúa, la vanidad herida, el deseo de ser puntual al menos una vez en la vida. Lo cierto es que tu sombra se pierde y tú, momentáneamente, lo olvidas. Y así llegas, sin sombra, a una especie de escenario y te pones a traducir o a reinterpretar o a cantar la realidad. El escenario propiamente dicho es un proscenio y al fondo del proscenio hay un tubo enorme, algo así como una mina o la entrada a una mina de proporciones gigantescas. Digamos que es una caverna. Pero también podemos decir que es una mina. De la boca de la mina salen ruidos ininteligibles. Onomatopeyas, fonemas furibundos o seductores o seductoramente furibundos o bien puede que sólo murmullos y susurros y gemidos. Lo cierto es que nadie ve, lo que se dice ver, la entrada de la mina. Una máquina, un juego de luces y de sombras, una manipulación en el tiempo, hurta el verdadero contorno de la boca a la mirada de los espectadores. En realidad, sólo los espectadores que están más cercanos al proscenio, pegados al foso de la orquesta, pueden ver, tras la tupida red de camuflaje, el contorno de algo, no el verdadero contorno, pero sí, al menos, el contorno de algo. Los otros espectadores no ven nada más allá del proscenio y se podría decir que tampoco les interesa ver nada. Por su parte, los intelectuales sin sombra están siempre de espaldas y por lo tanto, a menos que tuvieran ojos en la nuca, les es imposible ver nada. Ellos sólo escuchan los ruidos que salen del fondo de la mina. Y los traducen o reinterpretan o recrean. Su trabajo, cae por su peso decirlo, es pobrísimo. Emplean la retórica allí donde se intuye un huracán, tratan de ser elocuentes allí donde intuyen la furia desatada, procuran ceñirse a la disciplina de la métrica allí donde sólo queda un silencio ensordecedor e inútil. Dicen pío pío, guau guau, miau miau, porque son incapaces de imaginar un animal de proporciones colosales o la ausencia de ese animal. El escenario en el que trabajan, por su parte, es muy bonito, muy bien pensado, muy coqueto, pero sus dimensiones con el paso del tiempo son cada vez menores. Este achicamiento del escenario no lo desvirtúa en modo alguno. Simplemente cada vez es más chico y también las plateas son más chicas y los espectadores, naturalmente, son cada vez menos. Junto a este escenario, por supuesto, hay otros escenarios. Escenarios nuevos que han crecido con el paso del tiempo. Está el escenario de la pintura, que es enorme, y cuyos espectadores son pocos pero todos, por decirlo de algún modo, son elegantes. Está el escenario del cine y la televisión. Aquí el aforo es enorme y siempre está lleno y el proscenio crece a buen ritmo año tras año. En ocasiones, lo interpretes del escenario de los intelectuales se pasan, como actores invitados, al escenario de la televisión. En este escenario la boca de la mina es la misma, con un ligerísimo cambio de perspectiva, aunque tal vez el camuflaje sea más denso y, paradójicamente, esté preñado de un humor misterioso y que sin embargo apesta. Este camuflaje humorístico, naturalmente, se presta a muchas interpretaciones, que finalmente siempre reducen, para mayor facilidad del público o del ojo colectivo del público, a dos. En ocasiones los intelectuales se instalan para siempre en el proscenio televisivo. De la boca de la mina siguen saliendo rugidos y los intelectuales los siguen malinterpretando. En realidad, ellos, que en teoría son los amos del lenguaje, ni siquiera son capaces de enriquecerlo. Sus mejores palabras son palabras prestadas que oyen decir a los espectadores de primera fila. A estos espectadores se les suele llamar flagelantes. Están enfermos y cada cierto tiempo inventan palabras atroces y su índice de mortalidad es elevado. Cuando acaba la jornada laboral se cierran los teatros y se tapan las bocas de las minas con grandes planchas de acero. Los intelectuales se retiran. La luna es gorda y el aire nocturno es de una pureza tal que parece alimenticio. En algunos locales se oyen canciones cuyas notas llegan a las calles. A veces un intelectual se desvía y penetra en uno de estos locales y bebe mezcal. Piensa entonces qué sucedería si un día él. Pero no. No piensa nada. Sólo bebe y canta. A veces alguno cree ver a un escritor alemán legendario. En realidad sólo ha visto una sombra, en ocasiones sólo ha visto su propia sombra que regresa a casa cada noche para evitar que el intelectual reviente o se cuelgue del portal. Pero él jura que ha visto a un escritor alemán y en esa convicción cifra su propia felicidad, su orden, su vértigo, su sentido de la parranda. A la mañana siguiente hace un buen día. El sol chisporrotea, pero no quema. Uno puede salir de casa razonablemente tranquilo, arrastrando su sombra, y detenerse en un parque y leer unas páginas de Valéry. Y así hasta el fin.
–No entiendo nada de lo que has dicho –dijo Norton.
–En realidad sólo he dicho tonterías –dijo Amalfitano.”

domingo, 28 de mayo de 2017

Violencia pop, parte II.

He aquí otro personaje de nuestro insólito universo académico: José Ángel Lucena. Es un sociólogo imaginado, un personaje ficticio que sirve para retratar a los intelectuales que vivieron y gozaron una bola con el auge del chavismo. Ídolos a lo interno de los claustros universitarios, vitoreados al final de cada asamblea, rockstars de las ciencias sociales venezolanas. Descubridores de palabras impronunciables, rebeldes a los horarios de aula, transgresores de cualquier signo institucional. También, por qué no, hermeneutas de la destrucción. 

Algunos han reajustado un poco el discurso, otros permanecen fieles al ideal revolucionario. Ilustrados y oportunistas, siempre a la altura de la circunstancia.



2009
Fragmentos recogidos del derecho de palabra del sociólogo José Ángel Lucena.
Asamblea: “1x1x1: el fin de la burocracia universitaria”.
Escuela de Sociología de la UCV. Caracas, Venezuela.


“La realidad de la universidad venezolana ha de cambiar. No es posible mantener las condiciones que la sostienen, ni es posible mantener las aberrantes cadenas que nos mantienen unidos a una retrograda racionalidad burocrática.”

(…)

“Si bien es cierto que las promesas de occidente lucen seductoras, también es verdad que hay otras grandes verdades. La nuestra es una que debe y merece ser vivida, pensada desde nuestros parámetros de cognición particular.

Y fíjense algo, hago la crítica a occidente considerándome y considerándonos ante todo como individuaciones del proyecto euro-centrado. Nada nuevo con relación a ello; sin embargo, nuestra propuesta siempre ha sido la de aperturar, la de abrir ese espacio de exégesis que se nos permite a partir de la última gran práctica ilustrada: la democracia.”

(…)

“En efecto, criticamos la modernidad y a Occidente considerándonos existencias atrapadas y amalgamadas a la cadena de producción capitalista. Por más que luchemos, y debido a nuestra ubicación geopolítica, aún tendremos un nexo con Occidente y sus formalismos.

En ese sentido podemos traer a colación una verdad que la derecha jamás admitirá: nosotros elegimos rescatar a la democracia, no como formalismo o procedimiento, tampoco como delegación de tareas, sino como participación activa del pueblo en su que-hacer político, histórico, cultural y estético.”

(…)

“El gen maligno de Occidente en nuestro caso se manifiesta por la vía burocrática. En el caso específico de la universidad venezolana la burocracia funciona como privación democrática. La institución se niega a reformularse en beneficio de los intereses de ciertas élites académicas y económicas.

No es una sorpresa, entonces, descubrir el talante anti-democrático de la universidad venezolana. Por medios de sus instituciones y sus profesionales se encarga de negar la posibilidad de participación activa de todos y todas."

(…)

"Nosotros buscamos un espacio para la emancipación.

Emancipación en el sentido de que todos y todas nos veamos en la capacidad real de velar por nuestras vidas, discernir si las decisiones que tomamos son correspondientes a la episteme de nuestra particularidad histórica.

La tarea es precisamente no delegar nuestras vidas, no entregar a los movimientos sociales al vacuo contenido de los profesionales de las instituciones no sólo de la universidad sino del Estado como un todo.”

(…)

“Desde el proyecto comunal que se ha venido discutiendo durante el último año se avizora dicha posibilidad. Romper con la hegemonía del capital, revertir la tendencia, ir en consonancia con el sentir de las estéticas de nuestra región, empoderar al pueblo en la  toma de decisiones, que el poder fluya de abajo hacia arriba, todas grandes tareas y logros que distinguen el ethos de nuestra última década.”

(…)

“La universidad no puede permanecer ciega ante los cambios del mundo.

Debe aperturarse, iniciar este proceso de democratización radical del que ya está siendo participe la población venezolana. Veamos el ejemplo de las liberaciones (pues son varias) que se dan a través del andamiaje de los Consejos Comunales: es ahí donde subyace la verdadera y genuina práctica emancipadora de un pueblo concientizado consigo mismo y con su historia.”

(…)

“La nuestra no es una propuesta política en ese sentido, sino un imperativo ético que demanda la liberación del individuo de la dominación capitalista que aún pervive en la universidad venezolana de nuestros días.”

(…)

“Con el fin de la burocracia, del capitalismo y el nexo cuasi-colonial que se mantiene, iniciamos un nuevo periodo histórico de auge progresista y de independencia nacional. Ahora todos disfrutamos de los beneficios de la renta petrolera, que ya no forma parte de una práctica populista de asistencialismo social manejada por grupúsculos entreguistas, sino que ahora pasa a  ser una herramienta de ascenso social de todas y cada una de las personas que conforman a la nación.”

(…)

“En nuestro caso específico, debemos abogar por un pensamiento académico liberado de su actual flagelo corporativista. La democracia y la participación deben ser nuestras banderas.

Es por ello que reiteramos nuestra consigna como una invitación a repensar las relaciones de dominación a las que nos vemos sujetos. Sólo un pueblo libre de dominación y manipulación, consciente de sí mismo y dispuesto a dar la lucha por la revolución puede salvarse a sí mismo.”

(Aplausos)



2017
Fragmentos de entrevista realizada al sociólogo José Ángel Lucena.
Título: “Sociólogo venezolano defiende legitimidad de Constituyente Comunal.”
CLACSO. Buenos Aires, Argentina.


“No puede negarse la crisis que vive Venezuela.

Evidentemente el proceso iniciado con Hugo Chávez jamás contó con características propias de un modelo de sociedad comunal: hubo algunos atisbos, ciertos acercamientos, pero al final las desviaciones terminaron absorbiendo la transformación que se estaba dando a lo interno del país.

Dicho esto vale la pena recalcar que la Guerra Económica y el agotamiento del modelo rentista han sido las principales causas de la crisis. A ambas fuerzas debemos las bajas que, momentáneamente, afectan el campo revolucionario.”

(…)

“Es por ello que el Proceso Constituyente Comunal es un espacio necesario. Sabemos que es desechado por todos aquellos que quieren ver al país en llamas, pero hay que ver también su potencialidad para devolver la paz al país. Puede tanto eliminar la posibilidad latente del intervencionismo internacional como estabilizar el marco institucional.”

(…)

“La oposición quiere vender la Constituyente como un artilugio anti-democrático, pero fíjense una cosa: en una realidad tan convulsionada como la nuestra, someter el proyecto comunal a un leguleyo electoral puede complicar los escenarios de asistencia y justicia social, equidad territorial, soberanía nacional, entre otros.

Hay que tomar en cuenta, entonces, que los formalismos burgueses de la derecha pueden hacer peligrar al proceso revolucionario. Y ante eso hay que estar atentos.”

(…)

“Es por eso que apelamos a un cuerpo de delegados de diversas ramas. Suya es la tarea de velar por el futuro de la revolución, repensar el marco institucional, evaluar el agotamiento del modelo rentista, revisar las posibilidades del socialismo en el nuevo escenario de post-progresismo y de advenimiento del modelo neo-conservador de derecha.”

(…)

“No es negar el derecho de las personas a sufragar, es adecuar su elección por medio de una vanguardia formada para salvaguardar los logros e intereses de la clase obrera. No se deroga la emancipación, sólo se busca una interpretación ajustada a las exigencias de este periodo histórico que actualmente vivimos.

Se busca de esa manera la lectura de determinados sectores representativos de la sociedad, una intermediación que asegure un diálogo no-violento sobre el devenir de nuestro país.

Todo en el marco de la institucionalidad que bien han explicados las colegas del Consejo Nacional Electoral.”

(…)

“Tendríamos que pensar esta situación en el contexto de la figura de Chávez, ¿qué sería de nosotros sin él? ¿Dónde estaría la izquierda sin su empuje, sin su ímpetu? Seguramente en la nada, seguramente en el marasmo a donde arrojaríamos al pueblo si eligiésemos no acompañarlo en esta terrible crisis.”

(…)

“Toca purgar a la sociedad de quienes la someten al terror de la violencia. Dar la batalla final y derrotar a la derecha recalcitrante que nos amenaza día a día. Dicha tarea no puede ser dejada al azar, ni ser objeto de un análisis pequeño-burgués. Los sectores vivos de la sociedad deben atender la convocatoria.”

(…)

“Es necesario dialogar, socializar y acompañar las aspiraciones de todas esas personas que quieren que el país vuelva al sendero de la paz y el entendimiento. Porque el pueblo no ha olvidado todo lo aprendido y adquirido durante el proceso. No obstante, es necesario que el cambio paradigmático que estamos a punto de dar sea acompañado por los más capacitados, por los representantes del genuino y verdadero sentir popular.”

(…)


“Sólo los intelectuales y el Estado pueden salvar a la sociedad. Salvarla, sí, inclusive de sí misma…”